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El aprendizaje a distancia de niños con necesidades especiales

Maribel Neve

Autora invitada


RESUMEN: Continuar promoviendo el aprendizaje es un desafío para todos los profesores que de la noche a la mañana hemos tenido que adaptarnos al trabajo a distancia y buscar las estrategias que funcionen mejor para nuestros niños y sus familias. Yo trabajo con niños con necesidades especiales y lo más retador ha sido lograr las condiciones necesarias para que sigan aprendiendo en casa.

#necesidadesespeciales, #inclusión, #aprendizajeadistancia, #retosdemaestros



Soy maestra de educación especial, nací y estudié en México y hace 31 años vivo en Estados Unidos. Doy clases en un pequeño poblado del estado de Nueva York, en una escuela pública que atiende niños de entre 6 y 8 años. Todos en mi clase son hijos de inmigrantes de diferentes contextos socio-económicos y culturales; ninguno de ellos habla inglés como lengua materna. De mis siete alumnos, dos son de Puerto Rico, uno de República Dominicana, dos de Ecuador, uno de Nigeria y uno de Japón.


Los niños tienen diferentes problemas de aprendizaje que les impiden incorporarse a los grupos regulares de la escuela: presentan problemas de lenguaje, y/o autismo, y/o problemas de atención, y algunos también problemas psicomotores y emocionales. Aunque el grupo es pequeño, los retos académicos cotidianos son muy grandes. Mis alumnos necesitan continuidad, horarios, reglas, contacto directo y mucha ayuda. La falta de contacto físico significa no poder ayudarles al máximo, al menos no como yo lo había hecho a lo largo de 30 años.


El miércoles 11 de marzo el director de la escuela nos comunicó la posibilidad de un cierre de escuelas para evitar contagios por coronavirus y pidió preparar materiales para que los niños repasen a través de “Google Classroom”.


Yo decidí hacer paquetes con material impreso, pues la mayoría de mis alumnos no tienen las habilidades tecnológicas necesarias para trabajar en línea, y probablemente tampoco cuetan con computadora en casa. Fotocopié el material y al día siguiente los niños se lo llevaron junto con una carta explicando a los papás que el material debía completarse en caso de que la escuela cerrara. Incluimos hojas para trabajar lectoescritura y matemáticas. Además pusimos las contraseñas de “Imagine Learning” y “Raz-kids”, programas que los niños utilizan de manera habitual en la escuela para la lectura.


El viernes nos convocaron nuevamente para decirnos que lunes y martes se cerraría la escuela para hacer “limpieza a fondo”, y, ante el inminente cierre de escuelas, nos pidieron regresar el miércoles para planear. En los días siguientes hubieron muchos correos y reuniones virtuales acerca de los días que estaríamos en casa y sobre las expectativas para nosotros y para los estudiantes.


Mientras los niños trabajaban con el material, a las maestras nos pidieron mejorar nuestro conocimiento de Google Classroom, Screencasting, Meet y Zoom, en el tiempo originalmente destinado a las vacaciones de primavera (Semana Santa).


Yo soy la maestra titular del grupo y tengo dos asistentes, pero como soy la única que habla español la comunicación con las familias depende fundamentalmente de mí. Empecé a mandar mensajes a los papás diciendo que era importante que los niños trabajaran un poco cada día en los paquetes enviados a casa, y también preguntando quiénes tenían acceso a computadora. Como todos dijeron tener acceso, continuamos planificando el trabajo en sesiones individuales de “Raz-kids”, “Imagine Learning” y “Prodigy”, que trabaja en habilidades matemáticas.


En los siguientes días vimos que sólo dos niños estaban trabajando en línea. Después de varios mensajes y llamadas telefónicas supe que en realidad sólo la familia de un alumno tenía computadora, y a los demás les había dado pena admitirlo. El otro niño estaba trabajando los ejercicios de lectura en el celular de sus papás. Entonces hablé con el director para ver la posibilidad de prestar a las familias las laptops que usamos en la escuela.


Mis alumnos no eran los únicos sin computadora en casa; varios profesores reportaron el mismo problema. Se hizo entonces un listado de todos los niños de la escuela que requerían de laptop. La administración escolar decidió prestar una computadora por familia. Tras varias gestiones por fin todos mis alumnos tenían laptop en su casa, pero aun no todos estaban haciendo las actividades.


En las dos semanas siguientes, después de muchos mensajes con las familias, concluimos que el problema era que algunos no tenían internet con la capacidad necesaria. Planteamos entonces a la junta escolar si se podría asignar a esas familias cuentas o “hot spots”, por parte de la escuela. Después de un mes, por fin mis siete alumnos ya tenían computadoras y conectividad.


Para entonces empezamos a hacer Zoom meetings con los niños, pero sólo tres se conectaban. Otra vez fueron necesarias muchas llamadas telefónicas para explicar a las familias, una por una, cómo conectarse y qué hacer en las distintas plataformas. Cuando las familias lograron, finalmente, conectarse se encontraron con todo el material que había ido yo subiendo en el transcurso del mes. La reacción de las familias fue tanto de sorpresa, por ver todas las actividades que sus hijos podían hacer, como de agobio por todo lo que se habían rezagado. Tuve que calmarlos y proponerles que empezaran por realizar las actividades del día y, poco a poco, conforme fueran pudiendo, completaran lo anterior.


Así logramos que todos los niños hicieran las actividades, excepto uno. Con él enfrentamos dos problemas: el primero fue complicado de detectar pero fácil de solucionar, cuando cambiamos el muñequito (avatar) que le tocó en la cuenta de la escuela y él se sintió más a gusto para trabajar. El segundo todavía no lo superamos del todo, ya que sus papás están muy ocupados trabajando desde casa y no tienen tiempo de apoyar a su hijo en las actividades escolares.


Ahora, después de seis semanas sin ir a la escuela, he preparado a los niños otros dos paquetes impresos que los papás recibieron. Además completan diariamente sesiones de 15 a 20 minutos de “Raz-kids”, “Imagine Learning” o “Prodigy”. Les envío videos educativos que pueden ver en “Google Classroom”, y ponemos actividades de otros programas en línea, que ya usábamos con nuestros alumnos, como son “Scholastic magazine”, “PBS”, “Brainpop”, “Kodable” y “Readworks”. Les ponemos también un video diario de meditación y una sesión a la semana de una clase especial: educación física, arte, música o español.


Para dar seguimiento a cada niño hacemos sesiones individuales por Zoom: una para lectura, una para matemáticas, otra de terapia de lenguaje y algunos también reciben terapia ocupacional. Además tenemos 3 sesiones grupales en línea a la semana en las que explicamos tareas, los niños presentan algunos de sus trabajos y, sobre todo, platican entre ellos y comparten experiencias.


Doy gracias por tener acceso a tantos recursos educativos en estos tiempos tan difíciles, y por poder comunicarme con los niños y con sus familias. Como dice el refrán: se necesita un pueblo para educar a un niño y, en este caso, gracias a la colaboración de toda la comunidad escolar (incluyendo papás y autoridades), estamos saliendo adelante.

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