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En tiempos difíciles, primero lo primero

Anaid Reyes Hernández

Politóloga por el CIDE y especialista en políticas educativas con y para la equidad. Ha participado en el análisis, diseño, implementación y evaluación de políticas educativas federales y estatales, en particular de educación inicial y formación para el trabajo. Fue asesora y coordinadora de análisis de proyectos y programas prioritarios de la SEP.


Resumen: La atención educativa a la primera infancia es uno de los caminos más claros por dónde comenzar a andar para ser una sociedad un poco menos desigual y mejor preparada, ante las tormentas que como humanidad nos toque vivir.

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La necesidad de entrar en cuarentena ha implicado cambios en la vida de la mayor parte de la población mundial, sin embargo, su dimensión no ha sido de la misma magnitud para todos. En las redes ha circulado una frase que dice: “todos estamos en la misma tormenta, pero no todos vamos en el mismo barco”. La desigualdad en México es tal, que un porcentaje importante de la población no tiene ni barcaza estable: se mantiene sobre el agua en flotantes improvisados. Así como la crisis saca a relucir las diferencias, también ha puesto en evidencia las habilidades que más requerimos como individuos para salir adelante en tiempos inciertos: la sensación de seguridad, los vínculos afectivos sanos, el autoconocimiento, el control de nuestras emociones, la empatía, la resiliencia, la capacidad para aprender y reaprender.


Estudios recientes muestran que la mayor parte de nuestro cerebro se desarrolla en los primeros tres años de vida. En la primera infancia se sientan las bases de nuestros aprendizajes futuros. De allí que la salud de nuestros vínculos afectivos, habilidades, conocimientos y emociones, deban comenzar a asentarse desde una edad temprana.


Durante esta contingencia he dado seguimiento a la operación de dos programas: (i) un programa de educación inicial no escolarizado para familias que no tienen acceso a guarderías o centros de desarrollo infantil, y (ii) guarderías subrogadas. Aunque conocía el funcionamiento de diversas modalidades educativas, las experiencias recogidas en tiempos de contingencia me han permitido constatar que la educación inicial es de los primeros medios a los que una persona debería tener acceso para lograr un futuro con menos disparidades.


El primer programa mudó sus actividades grupales a una modalidad a distancia. Cada semana, mediante el teléfono celular, se comparten actividades puntuales a las madres o cuidadores, quienes intercambian reflexiones, entre ellas y con las guías del programa, sobre lo que están aprendiendo sus hijos menores de tres años con la puesta en práctica de cada actividad específica. Se les alienta a seguir construyendo vínculos sanos con los menores, a través de actividades como: hablarle, cantarle, leerle, abrazarle, jugar y atenderle cuando llore. Estas madres también aprenden a identificar sus emociones –las propias y las de los bebés– y a irlas regulando gradualmente. Parecerían actividades obvias, sin embargo, en nuestra sociedad aún existen muchos mitos sobre la crianza que dan lugar a una baja interacción de los adultos con los niños que aún no caminan ni hablan.


La comunicación con varios grupos de madres en esta contingencia ha evidenciado también otros efectos interesantes. El programa parece estar empoderando a las madres, quienes más allá de atender a recomendaciones heredadas –de madres, suegras o abuelas– desarrollan una concepción propia sobre la crianza de sus hijos. También, les abre una vía para involucrar a su pareja en la crianza y cuidado de los bebés y facilita la formación de redes de contención con otras mujeres. Sin embargo, es importante mencionar que en este contexto desigual también hemos identificado que no todas las mujeres tienen acceso a señal de teléfono, a un teléfono celular propio o independencia financiera para ponerle crédito.


En el segundo programa, se han presentado otro tipo de situaciones con las madres trabajadoras. En una guardería, donde se atienden a alrededor de 100 niños, se han solicitado seis bajas por pérdida de derechos de las madres, es decir, por renuncia o despidos, como consecuencia de la contingencia. En otros casos similares, de los que he tenido conocimiento, las bajas por la pandemia han llegado a alrededor del 10%, una tasa casi diez veces superior a la normal. Si multiplicamos este factor por los cientos de guarderías subrogadas que hay en México[1], el problema se magnifica. ¿Qué sucedió en aquellos seis casos? Ante la perdida de acceso a las guarderías y la imposibilidad de contar con cuidadores secundarios, las madres renunciaron a buscar un nuevo trabajo y se quedaron al cuidado de sus hijos pequeños y a acompañar la demanda escolar de los mayores. Por otra parte, la cuarentena ha establecido el cierre temporal de centros de atención infantil lo que impide a muchas madres cumplir con sus obligaciones laborales. Pues aún teniendo trabajo tampoco pueden salir a trabajar, porque no tienen quien cuide a sus hijos. Dar seguimiento a actividades de educación inicial, o estimulación temprana regulares a distancia, sin renuncias, apoyo o flexibilidad laboral, es un lujo que muchas madres trabajadoras, no se pueden dar.


La educación inicial es un derecho de la niñez y los servicios de guardería un derecho laboral de los padres. Sin embargo, la atención a la primera infancia tiene implicaciones más amplias, aún más en tiempos difíciles como los que estamos viviendo. Condiciones como el hacinamiento, la violencia, las dificultades económicas, o la mera convivencia ríspida en el hogar generan ambientes de estrés tóxico y los principales en resentirlo, son los niños. La educación en la primera etapa de la vida no solo debe saberse obligatoria, sino sobre todo debe ser efectiva para todos los menores de tres años, sea en espacios de cuidado, en modalidades escolarizadas y no escolarizadas.


En el proceso de regreso a clases, es posible que los servicios prestados en centros de estimulación temprana, guarderías y CENDIS, sean los últimos en retomarse, sobre todo por las implicaciones que tienen en términos de contacto (abrazos, salivaciones, etc.). De igual forma, incluso en el nivel preescolar, las maestras se encontrarán con retos de trabajo muy particulares: llantos y berrinches en grupos de seis hasta 20 niños, derivados de los cambios abruptos en sus rutinas y la vivencia de nuevos desapegos. Nuestra necesidad de adaptación, de chicos y grandes, no terminará con la cuarentena.


Aunque la crisis nos enseña, los ejemplos descritos dan cuenta de que invertir en una atención educativa diversificada y de calidad para la primera infancia, no es solo una cuestión del futuro, es necesaria como tarea permanente. Como sociedad, requerimos de la educación inicial para crecer con las habilidades que nos permitan enfrentar mejor los vientos que nos sacuden y encontrar la calma interior en medio de la tormenta. Aquellas habilidades que nos faciliten hacer equipo para construir el bote que necesitamos para salir a flote, ser solidarios y brindar un espacio si otro lo necesita, o pensar en alternativas colectivas para que durante las tormentas todos tengamos un barco seguro y estable, del que nadie caiga, para que nadie se ahogue.

Twitter: @anaidescribe

Correo: anaid.reyesh@gmail.com

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/anaid-r-24817022/

[1] En 2018 había 1,386 guarderías subrogadas al IMSS: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Numero-de-guarderias-del-IMSS-ha-disminuido-desde-2009-20190211-0001.html

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