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La primera infancia: una etapa que trasciende

Marcela Silveyra


Resumen: Invertir en mejorar la cantidad y la calidad de las experiencias de las niñas y los niños durante la primera infancia es construir los cimientos sólidos que impactarán en su aprendizaje, salud, y comportamiento, y en las oportunidades laborales e ingresos económicos que tendrán en la adultez.

Palabras clave: #MUxED #MujeresUnidasporlaEducación #PrimeraInfancia #LaNiñezImporta


GIF: Sesión de educación inicial, CONAFE, Junio 2018. Oaxaca, México. Tomada por la autora con permiso de los asistentes.


La primera infancia es la primera etapa de nuestras vidas a la que le debemos en gran parte lo que somos hoy. La primera infancia abarca los primeros cinco años de vida (de acuerdo a UNICEF). Gracias a los avances en el campo de la neurociencia sabemos que en los primeros años de vida nuestro cerebro desarrolla más de un millón de conexiones por segundo, un ritmo que nunca más se repite en la vida (Centro para el Niño en Desarrollo, 2007). Los cuidados, las experiencias y las interacciones que tengamos o no en esta etapa, y su calidad, determinan si las conexiones son fuertes o débiles. Esto se convierte, a su vez, en los cimientos de nuestro desarrollo físico, cognitivo, y socioemocional, y predice gran parte de nuestros resultados educativos y laborales (Banco Mundial, 2015).

La calidad de los cimientos trasciende, ya sea para bien o para mal, en todas las etapas posteriores. Tener experiencias positivas después de los seis años no será de beneficio a largo plazo, si los cimientos no son sólidos. Sin cimientos suficientes y de calidad, aunque la casa esté bien construida, caerá ante una situación compleja o de riesgo. En México, nos ha fallado invertir adecuada y eficientemente en estos cimientos: los servicios enfocados en los primeros tres años de vida se han centrado mayormente en cuidados físicos y de salud descuidando el enfoque pedagógico y de desarrollo socioemocional. A su vez, la cobertura de estos servicios es trágica, 1 de cada 7 niños mexicanos menores de 4 años reciben servicios de cuidado o de educación inicial, dejando fuera a las poblaciones más vulnerables o inclusive invirtiendo menos en ellos. Los problemas educativos, sociales y económicos actuales del país se pueden considerar manifestaciones de la baja inversión en primera infancia, falta de cuidados cariñosos y sensibles, de aprendizajes, de una nutrición adecuada, y una elevada exposición a riesgos que afectan negativamente su desarrollo. Se podrá gastar agresivamente y por tiempo prolongado en atender estas manifestaciones en jóvenes y adultos, pero los resultados no serán los esperados, dado que los cimientos no son los adecuados.

El país necesita invertir de manera temprana, con intervenciones de calidad y sostenidas durante la primera infancia. Considerando que los recursos son siempre limitados y/o escasos, la manera de atender los problemas sociales, educativos y económicos del país es haciendo lo que la evidencia demuestra que funciona. Esto se logra a través de:

· Liderazgo claro: una dirección clara desde el gobierno central sobre la importancia de la primera infancia, siendo congruentes entre el saber y el hacer. Los países que han logrado establecer una política pública a favor de la niñez tienen un mensaje claro que va desde el presidente hasta los técnicos sobre la relevancia del desarrollo de las niñas y los niños para el desarrollo del país convirtiéndose en la políticia insignia de su gobierno.

· Mayor inversión económica: incremento de los recursos destinados a las atenciones y los servicios durante la primera infancia, a crear nuevos puntos de contacto y, sobre todo, a elevar la calidad de los mismos.

· Estrategia multisectorial: esto ha sido el talón de aquiles en México. Una estrategia de atención a la primera infancia es multisectorial y deben participar en ella una variedad de partes interesadas para influir en los resultados. Deben conjugarse entonces diversas políticas sectoriales, como lo son: atención médica e higiene, nutrición, educación, alivio de la pobreza y protección social e infantil.

· Incremento de cobertura: incrementar la cobertura significa hacerlo de manera informada, es decir, considerando cuatro aspectos para saber cuánto expandir, en dónde y bajo qué modalidad de servicio: 1) ubicar dónde está la demanda, entre más específico mejor, a nivel localidad; 2) identificar la oferta que ya existe, la modalidad de entrega y su nivel de calidad; 3) conocer las localidades con mayor vulnerabilidad, ya sea por indicadores de desarrollo infantil, rezago educativo, nivel de pobreza, sin servicios existentes, entre otros; y 4) considerar la factibilidad de ciertos servicios y modalidades con base en el contexto y los recursos existentes en la localidad.

· Focalizar intervenciones para las poblaciones vulnerables: diferenciar los servicios y las atenciones de acuerdo a la población objetivo. Es decir, hay servicios en la primera infancia que son generales y universales y deben atender a todas las niñas y los niños. Los focalizados son los que atienden a las poblaciones vulnerables y en desventaja que requieren de programas de salud, de nutrición, de educación propios para atender sus necesidades. Los especializados son los que se dirigen a los niños que requieren de intervenciones médicas o servicios educativos específicos que los ayuden a integrarse con el resto de los niños.

Tener una buena estrategia nacional de atención a la primera infancia es una tarea ardua, sin embargo, los beneficios son innumerables. La evidencia causal sobre programas e inversiones en la primera infancia ha demostrado:

· Ser altamente costo-efectivas. El caso de Jamaica es un ejemplo relevante, porque mediante el diseño de una intervención de visitas domiciliarias, logró incrementar el desarrollo cognitivo de los niños a corto y largo plazo; inclusive, 22 años después, los niños que recibieron las visitas tenían mejores resultados en pruebas de matemáticas y lenguaje, más años completos de escolaridad y mejores oportunidades laborales y salarios. A su vez, tenían menores niveles de depresión y de participación en actividades criminales (Gertler et al., 2014).

· Tener efectos más allá de los beneficios directos para los niños. Las políticas efectivas de primera infancia y la provisión de servicios para esta población desempeñan un papel importante en el logro de otras metas políticas deseables, como lo son: mejorar la salud materna, promover la participación laboral femenina, aumentar los ingresos fiscales y reducir los gastos en programas de asistencia social (Banco Mundial, 2015).

· Reducir la desigualdad. Las inversiones en primera infancia pueden abordar brechas en las oportunidades desde el nacimiento, generar altos retornos sostenidos y tener beneficios de por vida para los participantes y la sociedad en general, incluido un mayor potencial de ingresos salariales, una menor delincuencia y una menor dependencia de asistencia social. La neutralidad de género domina la mayoría de los resultados, pero los resultados educativos son particularmente mayores para las niñas y poblaciones en desventajas (Banco Mundial, 2015).

· Romper el ciclo de pobreza. La inversión de calidad en la primera infancia se traduce en una mayor capacidad de aprendizaje mientras se está en la escuela y una mayor productividad en la edad adulta (Banco Mundial, 2015).

En México estamos en crisis social, educativa, política y económica (y recientemente, de salud) pero contamos con los recursos para superarla. La evidencia de programas para la primera infancia es contundente sobre lo que funciona. Los últimos esfuerzos en México por desarrollar una estrategia nacional de atención a la primera infancia nos indican que se ha comenzado el andar y es en el rumbo correcto. Con mayor inversión (de tiempo, energía, información, recursos humanos, recursos económicos) en la primera infancia se logrará construir los cimientos sólidos y fuertes que serán la base para que esta etapa trascienda positivamente en la vida de cada niña y niño.

Referencias

Banco Mundial (2015) Later Impacts of Early Childhood Interventions: A Systematic Review. IEG Working Paper 2015/3. Recuperado el 18 de mayo de 2020 en http://ieg.worldbankgroup.org/sites/default/files/Data/reports/ImpactsofInterventions_EarlyChildhoodonLaterOutcomes.pdf

Centro para el Niño en Desarrollo (2007). The Science of Early Childhood Development (InBrief). Recuperado el 18 de mayo de 2020 de www.developingchild.harvard.edu.

Gertler, P., Heckman, J., Pinto, R., Zanolini, A., Vermeersch, C., Walker, S., Chang, S., Grantham-McGregor, S. (2014) A 20-year Follow-Up to an Early Childhood Stimulation Program in Jamaica. JPAL. Recuperado el 18 de mayo de 2020 de https://www.povertyactionlab.org/evaluation/20-year-follow-early-childhood-stimulation-program-jamaica

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