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  • Autora miembro de MUxED

Lo que realmente están aprendiendo nuestras hijas e hijos en casa en esta cuarentena

Laura Delgado Maldonado Mamá, esposa, amiga y buena ciudadana de tiempo completo; psicóloga social, profesionista independiente en sus ratos libres, cofundadora de Kaans-Balam, S.C. especialista en diseño y desarrollo de instrumentos de evaluación.


Resumen:

Lo que realmente debemos priorizar como aprendizajes en este encierro, derivado de las medidas preventivas en salud por la pandemia, es poner por delante la vida afectiva familiar, el bienestar emocional de nuestros hijos, la tolerancia y respeto en nuestras interacciones en casa; todo ello aderezado con una buena dosis de educación con perspectiva de género.

Palabras clave: juego, educación, género, familia, tecnología.

#EscuelaEnCasa #COVID19 #Emociones #MUxED #Genero



En los últimos días he tenido la oportunidad de leer mucho sobre la saturación de actividades en casa y no puedo sino suscribir este sentimiento de angustia, de que sientes que el día no te rinde como antes, y me refiero antes de la cuarentena. Y hay que reconocerlo, tenemos más cosas que hacer y en menos tiempo porque muchas de las actividades que desarrollaban nuestros hijos en el colegio ahora hay que realizarlas en casa.


Abiertamente no comparto la idea de que estamos haciendo “la escuela en casa”, porque porque no hay manera de compensar las experiencias y las interacciones que mis hijos viven, al lado de sus amigos, maestras y maestros. A todos sus docentes, mi esposo y yo les agradecemos el enorme esfuerzo que están realizando para llevar a mejor puerto la educación de nuestros hijos, a pesar de las desproporcionadas exigencias de las autoridades educativas ante lo que es realmente posible, dadas las limitadas condiciones del contexto actual.


Entendemos que no siempre resultan las cosas conforme fueron planeadas y que a algunos maestras o maestros se les ha dificultado más el tránsito hacia el uso fluido de la tecnología, pero, honestamente, no tenían por qué ser especialistas en este rubro. La calidad de las escuelas se funda en sus recursos humanos y esos persisten y son a quienes, al concluir la cuarentena, nuestros hijos regresarán, para abrazarlos fuertemente, por el cariño que les tienen y que se han ganado por su dedicación, profesionalismo y el entusiasmo que muestran día a día. Conocemos su vocación, sabemos que ya están planeando medidas remediales para alcanzar los aprendizajes que consideran indispensables para continuar avanzando en grados posteriores, pero, al tiempo. Por ahora todos estamos haciendo lo que podemos y de la mejor manera posible. El aprendizaje de contenidos del programa de estudios pasó a segundo término, lo fundamental es el bienestar socioemocional y afectivo de todos los que estamos en casa, en este encierro obligado por las circunstancias.


Como padres “clase media con aspiraciones” más bien lo que creo que hacemos mi esposo y yo en casa, en lo que se refiere a los aprendizajes del programa escolar, es, básicamente, acompañarlos y tratar de hacerlo de la mejor manera posible, con cariño, paciencia y un toque de humildad, por todo aquello que ya olvidamos hace años y que ahora tenemos la oportunidad de volver a aprender, pero de otra manera (¡cuánta razón tenía mi abuela al afirmar que aprende más quien enseña!).


Mis hijos son mellizos de 9 años y cursan actualmente el 4º grado de primaria; juegan mucho entre ellos y se apoyan en sus actividades escolares; en estas circunstancias me doy cuenta de que educarlos con perspectiva de género les ha permitido, en esta cuarentena, compartir mucho tiempo juntos, ser solidarios entre ellos, negociar gustos, tiempos e incorporarse a actividades de la casa (asear su habitación, ayudar en la cocina, ordenar sus cosas, etc.) y, sobre todo jugar, simplemente jugar: no hay tal clasificación de “son juegos de niños o de niñas”.


Sobre sus actividades cotidianas, lo que indudablemente más extrañan es a sus amigas y amigos, y sí, también tengo que programar sesiones de Zoom para que puedan “verse” y jugar videojuegos simultáneamente. ¡Sé que no es lo mejor, pero créanme que de alguna manera los ayuda a tener el ánimo arriba!


He intentado jugar con ellos Minecraft sin mucho éxito, pero sí de muy buena gana. Les comparto que, la primera vez, “no salía del baño de la habitación que construyeron para mí, caminaba al revés y siempre mirando al piso”; la segunda vez, “me ahogué en un pozo que no sabía que existía”; y, la tercera, “maté a nuestra mascota virtual”, ¡cuando solo intentaba hacerle un cariñito! Así es que, cualquiera que piense que los videojuegos no aportan nada, los invito a que traten de hacerlo con sus hijos, verán que, manejar bien los tiempos y la seguridad, no es nada fácil. En defensa de mi orgullo materno, se requiere de mucha imaginación (tan fructífera como la de una niña o un niño) para ver cosas donde los adultos solo vemos cuadros, cubos y pixeles; así es que cualquiera que piense que los videojuegos no aportan nada bueno los invito a que traten de jugar con sus hijas e hijos, verán que bien manejan los tiempos y la seguridad. Créanme, no es nada fácil. Comprender el sentido de las relaciones espaciales es todo un reto. Estos tiempos de encierro ofrecen una oportunidad para que los adultos hagamos un esfuerzo por comprender mejor el mundo de nuestras niñas, niños y jóvenes, y, sobre todo, para que nos vinculemos con ellos, partiendo de sus intereses y poniéndolos por encima de los nuestros, aunque –debo confesar– que sigo prefiriendo los juegos de mesa y, por supuesto, los experimentos científicos en casa, los cuales también hemos realizado con mucho éxito, estos días.


Verán, ciertamente nada ha sido “miel sobre hojuelas” y a veces hasta nos podemos empalagar, por lo que un breve espacio en el rincón favorito de cada quien, ayuda para recargar las baterías de la tolerancia, tomar nuevos bríos y regresar a la sana convivencia familiar. Al finalizar el día y a pesar de lo agobiante de las actividades en casa, escuchar reír a mis hijos, compartir puntos de vista de alguno de los interminables artículos de mi esposo o hablar por teléfono con mi familia lejana, me recuerda lo afortunados que somos al saber que estamos bien y que lo más que perdimos, como familia en esta pandemia, fue un viaje de vacaciones en Semana Santa.


Finalmente, les comparto una última reflexión que me ha dejado esta pausa en nuestra “realidad normalizada”, de la que la pandemia nos obligó a salir para entrar en el letargo del confinamiento: la vida nos pone retos que nos invitan a repensar la educación de nuestros hijos para un mejor futuro, relacionado con más empatía hacia sus congéneres, el respeto y cuidado por la naturaleza, el entorno y poner límites razonables a esta desmedida necesidad del consumo humano: los aprendizajes son de otro orden y los adultos estamos obligados a reinventarnos, para bien.

lau.delma@gmail.com Twitter: @lau_delma

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