¿En dónde está la planificación educativa?

Alejandra Brito Rodríguez*

 

Durante décadas, el sistema educativo mexicano se planificó bajo la premisa de una población infantil en crecimiento. Hoy, el descenso sostenido de la natalidad cambia de manera profunda el escenario. Este artículo invita a mirar este cambio estructural como una oportunidad para repensar las modalidades existentes en educación básica bajo una mirada de planeamiento educativo que reconozca la diversidad ya existente en el país, priorizando  la conveniencia pedagógica y aprendiendo de modelos flexibles como el del CONAFE, que ofrecen claves para avanzar hacia un sistema más equitativo y pertinente. 


En un país que cambia es urgente actualizar las reglas del juego

La planeación del sistema educativo en México se diseñó, en el siglo XX, bajo una lógica de expansión. La premisa era clara: una población infantil en constante crecimiento que requería más escuelas, más aulas y más docentes. En ese contexto, se establecieron proporciones estándar de alumnos por maestro y modelos de organización escolar que buscaban atender a grandes volúmenes de estudiantes con recursos necesariamente limitados. Esa premisa ya no se sostiene hoy.

El país atraviesa un cambio demográfico profundo. La disminución sostenida de la natalidad ha reducido –y seguirá reduciendo– la demanda potencial de servicios de educación básica. En los últimos 15 años, la población en edad de cursar primaria se ha contraído en más de un millón, y las proyecciones indican que esta tendencia continuará, con ritmos diferenciados entre entidades federativas[1]. Este fenómeno no es coyuntural ni marginal: implica una transformación estructural que abre la oportunidad de replantear cómo se planifica, organiza y financia el sistema educativo.

A pesar de este nuevo escenario, la microplaneación educativa sigue, en gran medida, operando sobre prácticas establecidas en la segunda mitad del siglo pasado. Vacíos normativos, limitaciones financieras y derechos laborales adquiridos han llevado a que se mantenga una inercia institucional en la definición de parámetros de alumnos por grupo, apertura de servicios y asignación de docentes, aun cuando las condiciones demográficas, territoriales y sociales han cambiado de forma sustantiva.

Al día de hoy, en el sistema educativo mexicano, conviven modelos de atención profundamente contrastantes. Por un lado, existen escuelas urbanas con grupos numerosos y modelos pensados para estudiantes relativamente homogéneos en edad y nivel de aprendizaje; por otro, en contextos rurales y semiurbanos, predominan escuelas unidocentes, bidocentes y multigrado [2]. Este segundo grupo deriva de limitaciones presupuestales y no es marginal. Una proporción significativa de las escuelas del país, cercana al 30%, opera bajo ese esquema[3], lo que da cuenta de su relevancia.

A ello se suma la existencia de prácticas no formalizadas en educación básica, como los llamados planteles “extensión” en Oaxaca: escuelas que operan en dos o más sedes físicas, pero que reportan su matrícula y su personal como si se tratara de una sola unidad administrativa. Solución que genera opacidad en la gestión educativa y evidencia la necesidad de revisar y actualizar las reglas formales del sistema.

En México no existe una norma nacional única que establezca de manera explícita los criterios mínimos de alumnos por grupo para las escuelas públicas de educación básica. Los parámetros varían según el nivel educativo, la modalidad del servicio, las condiciones de infraestructura y las decisiones de las autoridades educativas estatales.

Los lineamientos federales más recientes en materia de planeación regional para la educación básica datan de mediados de la década de 1990[4], y responden a un contexto demográfico y educativo distinto al actual. Aunque algunas entidades federativas han incorporado criterios propios en sus guías operativas o leyes estatales[5], el panorama general es fragmentado y poco transparente.

Según esa norma de planificación, el número de alumnos por escuela primaria es lo que define la modalidad del servicio educativo que se ofrece: general o comunitario. A más de 20 estudiantes corresponde una escuela general y a menos de 20 un curso comunitario.

La modalidad de primaria general se organiza por grado, y requiere, al menos, seis docentes. Sin embargo, en la práctica, la asignación de maestros se realiza según la disponibilidad de plazas docentes, lo que provoca que muchas escuelas tengan una  “organización incompleta”, es decir, que, a pesar de estar registradas como de modalidad general, funcionan únicamente con uno, dos o tres maestros para toda la escuela.

En los hechos, la posibilidad de abrir una escuela, definir su modalidad de atención, asignar maestros o mantenerla en funcionamiento suele quedar supeditada a la disponibilidad presupuestal para financiar plazas docentes o, en el caso de modelos comunitarios, a la contratación de educadores. Esta lógica presupuestaria, más que pedagógica o territorial, termina influyendo de manera decisiva en la organización escolar.

Una oportunidad para innovar, no para recortar

En este panorama, la disminución de la matrícula escolar puede convertirse en una oportunidad para renovar los modelos de atención en educación básica. Las cohortes más pequeñas permiten repensar la experiencia escolar: grupos con menos estudiantes pueden favorecer una atención más personalizada, tutorías académicas, acompañamiento socioemocional, reorganización de la jornada escolar y modelos pedagógicos más flexibles. Así, el cambio demográfico puede convertirse en una ventana de oportunidad para mejorar la calidad y la equidad del sistema educativo[6].

No obstante, capitalizar esta oportunidad exige abandonar esquemas de operación inercial y tomar un enfoque de planificación proactivo, basado en evidencia, que -reconociendo los límites estructurales - anticipe escenarios futuros y reconozca la diversidad territorial del país.

En este contexto, el CONAFE ofrece un caso particularmente ilustrativo de ajuste institucional frente al cambio demográfico y territorial, ya que ha transitado de un modelo de apertura de escuelas basado en mínimos rígidos por nivel educativo (inicial, preescolar, primaria, secundaria) a un enfoque centrado en el número total de educandos por comunidad.

Con este nuevo enfoque, es posible crear un servicio educativo comunitario para un pequeño grupo de niñas, niños y adolescentes de diferentes niveles educativos, atendidos por uno o más educadores comunitarios en ambientes multigrado y multinivel[7]. A partir de cierto umbral de estudiantes, se asigna un segundo, tercer o cuarto educador, lo que permite escalar el servicio sin perder pertinencia local. Esta lógica reconoce explícitamente la dispersión poblacional, la movilidad demográfica y la heterogeneidad de trayectorias educativas presentes en muchas comunidades rurales. La organización multinivel se emplea como estrategia para garantizar el derecho a la educación, evitando el cierre de servicios o el desplazamiento forzado de estudiantes.

Más allá de un ajuste operativo, este cambio tiene implicaciones de fondo en todos los elementos que hacen posible brindar una atención pertinente a la trayectoria educativa de cada persona: la formación de los educadores comunitarios; la organización escolar; la práctica pedagógica; los materiales educativos, así como la relación que se establece con la comunidad.

Al día de hoy, el sistema educativo tiene puntos ciegos que impiden reconocer la existencia de esa realidad multigrado en escuelas generales, o multinivel en escuelas comunitarias. La estadística educativa nacional no reconoce plenamente su existencia, como tampoco lo hacen la formación inicial docente, los planes de estudio de educación básica, ni los libros de texto, ni otros materiales educativos.Todo esto refuerza una gramática escolar (en términos de Tyack y Tobin), que impide una adaptación adecuada a una matrícula decreciente.

Reconociendo que no existe una solución única, ni fácil, el caso del CONAFE muestra que es posible pensar en esquemas de planeamiento que partan de la realidad territorial para articular los distintos elementos que inciden en la pertinencia educativa.

Las decisiones de planeamiento educativo deben responder al modelo pedagógico, a la formación docente, a los derechos laborales del magisterio y a la suficiencia presupuestal, tanto como a una visión compartida de la situación actual y futura. Responder a este escenario implica construir narrativas claras sobre lo que está ocurriendo, definir con precisión qué cambios son necesarios, con qué actores, con qué recursos y en qué horizonte de tiempo. Supone también reconocer la necesidad de marcos flexibles, construidos con participación y con una comprensión fina de los contextos locales[8].

La coyuntura actual ofrece una oportunidad histórica para revisar la organización escolar, los modelos pedagógicos y la proporción de alumnos por maestro. Aprovecharla o no dependerá de la capacidad del país para dejar de considerar el planeamiento educativo como un ejercicio técnico menor o una discusión abstracta, y reconocerlo como una decisión política de largo alcance que define la capacidad del sistema educativo para responder, con equidad y pertinencia, a un país que ya no crece como antes, pero que sigue teniendo el compromiso de garantizar el derecho a la mejor educación posible para todas las personas.

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LinkedIn: Alejandra Brito 

Correo electrónico: alebrito@conafe.gob.mx

Referencias

Benavides, M., & Poisson, M. (Eds.). (2025). The future of educational planning. IIEP-UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000396617

CONAFE (2025) Manual de Procedimientos para la Planeación y Organización del Servicio Educativo Comunitario. https://cnfsiiinafe.conafe.gob.mx/normateca/Blobs/BLOB32623203028469.pdf

Consejo Nacional de Población. (CONAPO) (2025, 10 de enero). Disminuye la población infantil. Gobierno de México. https://www.gob.mx/conapo/articulos/disminuye-la-poblacion-infantil

Gallegos de Dios, O. A. (2024). Reformas educativas en telesecundarias en México y la evolución histórica de los libros de texto, Red Edusat y DGTVE con la Nueva Escuela Mexicana (NEM) (1961- 1986). Revista Mexicana de Historia de la Educación, 12(24), 137-152. https://doi.org/10.29351/rmhe. v12i24.565. https://somehide.org/wp-content/uploads/2024/10/RHMEvol12n24-565.pdf

Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE), UNESCO. (2024). El descenso de la natalidad y el nuevo desafío del planeamiento educativo en América Latina. https://www.iiep.unesco.org/es/articles/el-descenso-de-la-natalidad-y-el-nuevo-desafio-del-planeamiento-educativo-en-america-latina

SEP (2024) Datos del Sistema Nacional de Información Estadística Educativa y análisis históricos sobre modalidades como telesecundaria muestran la relevancia estructural del multigrado en el país. https://www.planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/principales_cifras/principales_cifras_2024_2025_bolsillo.pdf 

SEP (1996) Dirección General de Planeación de la Secretaría de Educación Pública. Acciones de Planeación Regional para la Programación Detallada.

Tyack, D., & Tobin, W. (1994). The “Grammar” of Schooling: Why Has It Been So Hard to Change? American Educational Research Journal, 31(3), 453–479


[1] CONAPO, 2025.

[2] Gallegos de Dios, 2024.

[3] SEP, 2024.

[4] SEP, 1996.

[5] En la Guía Operativa para la organización y funcionamiento de los servicios de educación básica de escuelas públicas en la Ciudad de México, 2025 – 2026, por ejemplo, se establece un mínimo de 25 estudiantes por grupo para preescolar, primaria y secundaria. Por su parte la Ley de Educación del Estado de Nuevo León, establece un máximo de 30 alumnos por grupo.

[6] IIPE, 2024

[7] CONAFE, 2025.

[8] Benavides, M., & Poisson, M. (Eds.). (2025).


*Alejandra Brito Rodríguez

Integrante de MUxED. Especialista con experiencia probada en transformar desafíos educativos en soluciones sostenibles, aplicables a escala local, nacional e internacional. Ha investigado, planificado, implementado y evaluado políticas públicas para la educación. Actualmente es Coordinadora Territorial del CONAFE en Oaxaca. Sus áreas de interés son: educación en la primera infancia, educación comunitaria, educación indígena, educación media superior y educación con perspectiva de género.




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