Proteger a las y los Jóvenes: Abriendo caminos para su regreso a la Educación Media Superior

Sylvia B. Ortega Salazar*

 

La discusión sobre las condiciones en que los estudiantes del nivel medio superior regresarían a clases se ha enfocado en reconocer que los graves problemas de acceso, bajos aprendizajes y abandono que ya teníamos antes del confinamiento, se profundizarían. En este texto, ofrecemos una actualización de la información sobre el comportamiento de la matrícula, destacando que quienes han salido de los registros escolares son los estudiantes con mayores desventajas socioeconómicas, culturales y socioemocionales. Los riesgos a los que quedan expuestos quienes salen de la escuela, son graves y se ilustran con datos recientes sobre el incremento de las adicciones y los delitos cometidos por jóvenes. Concluimos que la más alta prioridad es abrir oportunidades para que todas y todos regresen a los planteles y permanezcan en estos espacios protegidos hasta concluir el tramo obligatorio de la educación, como es su derecho.


Al inicio del ciclo escolar 2022-2023, el INEGI informaba que los jóvenes son el grupo de la población más afectado por la crisis sanitaria. Advertía de retrocesos en educación y de mayores restricciones en la disponibilidad de oportunidades laborales y sociales[i].

Se trata, nada menos, que de 31 millones de personas de entre 15 y 29 años, que representan la cuarta parte de una población que envejece. Son, por tanto, la fuerza y el talento que necesita el país; en el corto plazo, para aprovechar las oportunidades que ofrece el cambio tecnológico en la manufactura y la nueva configuración de los mercados laborales.

El grupo de 15 a 19, edad típica para estar en la Educación Media Superior (EMS), es de 10.8 millones, mitad hombres y mitad mujeres que conforman el 35% de la población joven. En el ciclo escolar 2017-2018 la cobertura[ii] alcanzó al 85% de los adolescentes que tenían derecho a la educación; en el año escolar 2021-2022 se registra un importante retroceso en este indicador fundamental que se ubicó en 78.4%[iii].

El abandono escolar, antes de la pandemia, se asumía como la dimensión más desafiante en el ámbito educativo. Alrededor de 650 000 jóvenes salían cada año del sistema sin haber concluido sus estudios, a este conjunto enorme se suman ahora unos 350 000 estudiantes que abandonaron sus escuelas durante los ciclos escolares del confinamiento[iv].  

Se incrementa la desigualdad, las brechas se amplían

La exclusión, la desigualdad y las brechas de aprendizaje son los principales problemas del Sistema Educativo Nacional (SEN) que actualmente se agudizan. En el caso de los jóvenes que dejaron la EMS, de acuerdo con los datos de la ECOVID-ED, más de la mitad reportó que lo hacían por falta de recursos económicos en la familia y una quinta parte por tener que trabajar para contribuir a su propio sostenimiento. Entre quienes salieron de las aulas, están sobrerrepresentados los hijos de las familias de los quintiles más bajos de ingresos y quienes residen en localidades de menos de 100 000 habitantes[v].

No puede desestimarse la gravedad que tiene el deterioro de los indicadores relacionados con la inclusión, la equidad y la justicia, es decir, con los grandes objetivos del proyecto educativo delineado en la Constitución.

Las oportunidades laborales de los jóvenes también se han visto afectadas como consecuencia de la pandemia. La tasa de desocupación del grupo de edad de 15 a 19 es de 8%, más del doble de la reportada para la población mayor de 29 años. Las transiciones al mundo del trabajo se han vuelto aún más difíciles.

El panorama se torna mucho más complejo con los datos sobre los efectos devastadores del confinamiento en la salud mental y la seguridad de los jóvenes, tal y como se ha demostrado en estudios recientes[vi].

Los jóvenes fuera de la escuela: principales víctimas de la violencia

Recientemente, la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), a través de su Unidad de Prevención de la Violencia y el Delito, difundió datos que demuestran que los adolescentes y jóvenes son las principales víctimas del crimen organizado y también perpetradores de agresiones y delitos violentos.[vii]

En el año 2021, el homicidio doloso fue la primera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. El suicidio ocupó el tercer lugar entre los adolescentes de 15 a 19 y el cuarto entre los de 20 a 29.

En el periodo que va desde finales de 2019 a agosto de 2022, se detuvo a cerca de un millón y medio de jóvenes entre los 12 y los 29 años, el 91% varones. Más de la mitad de ellas y ellos cometieron faltas como: consumir bebidas embriagantes o sustancias nocivas en la vía pública. Dos quintas partes fueron detenidos por robo, narcomenudeo o algún otro delito contra la sociedad. Sólo el 3.6% fue presentado al Ministerio Público (MP) por portación de armas de fuego y tráfico de personas indocumentadas.

Más de la mitad de los adolescentes de 12 a 16 años que fueron internados declararon haber pertenecido a un grupo delictivo por decisión propia. Solo el 27% aludió necesidad económica y el resto declaró que fue por querer pertenecer a algo.

Una tercera parte de los adolescentes recluidos proviene de familias encabezadas por una madre sola y más de la mitad declaró tener un familiar en prisión o consumidor de drogas.

Como era de esperarse, casi las tres cuartas partes de ellas y ellos abandonaron la escuela entre los 12 y los 16 años y un 20% cuenta con bachillerato trunco. Cerca de la tercera parte reportó que no le gustaba la escuela, mientras que 14% fueron expulsados del plantel.

Algunos informes recientes[viii] ya advertían de un incremento de las adicciones de los adolescentes y jóvenes a la mariguana y los estimulantes de tipo anfetamínico y en tercer lugar al alcohol. Las tendencias incrementales que se reportan en la demanda de tratamientos para los consumidores jóvenes denotan que se acentúa su fragilidad.

Lograr que regresen a la escuela, nuestra más alta prioridad

Hace mucho que sabemos que la escuela es un espacio no solo de aprendizaje y socialización sino también de protección. Una escuela efectiva es aquélla que logra que todas y todos aprendan a aprender y a convivir, por eso, necesitamos que estén preparadas para retener e inspirar a sus estudiantes y, en esta coyuntura, para recibir e integrar a quienes logremos regresar a las aulas.

Lo primero es sumar esfuerzos y coordinar acciones entre todos los actores públicos y privados para localizar, convocar y motivar a todos los jóvenes para que ingresen o regresen a la escuela.

Pero esa escuela no puede ser la misma que, sujeta a normas y reglamentos escolares burocráticos, canceló la oportunidad de cientos de miles que se fueron y que no tienen cómo regresar, aunque quisieran hacerlo.

Lo central es que los planteles, sus maestros, directivos y comunidades puedan diseñar dispositivos que faciliten el aprendizaje acelerado y que rompan con la rigidez de las mallas curriculares para que sea la escuela la que se adapte al estudiante.

Del lado positivo, como ya se ha señalado, esta es una gran oportunidad para reinventar la educación, para remodelar un sistema educativo que hace mucho que dejó de abrir oportunidades de movilidad social y de progreso incluyente.

Es tiempo de honrar plenamente el derecho a la educación, es tiempo de hacer un pacto con los jóvenes, de escuchar sus voces para, junto con ellas y ellos, forjar las oportunidades que merecen y que como generaciones adultas necesitamos brindarles.


Redes sociales
:

Twitter

Referencias

CONALEP (2020). Primer reporte de resultados: Situación de los estudiantes y docentes del sistema conalep ante la contingencia COVID 19. México, CONALEP.

CONALEP (2021). Segundo reporte de resultados: Seguimiento de la situación de los estudiantes y docentes del sistema CONALEP ante la contingencia sanitaria COVID. México, CONALEP

Fernández, M.A., Hernández, D. y Herrera, L.N. (2020). Jóvenes con un futuro sombrío: media superior ante la pandemia. Revista NEXOS, México. Disponible en https://educacion.nexos.com.mx/jovenes-con-un-futuro-sombrio-media-superior-ante-la-pandemia/

INEGI (2015). Encuesta intercensal 2015. México, INEGI.

INEGI (2022). Encuesta para la medición del impacto COVID-19 en la educación (ECOVID-ED). México, INEGI. Disponible en https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/ecovided/2020/doc/ecovid_ed_2020_presentacion_resultados.pdf

Medina-Gual, L. et al. (2021). Educar en contingencia durante la COVID-19 en México. un análisis desde las dimensiones pedagógica, tecnológica y socioemocional. México, Fundación SM. Disponible en https://fundacion-sm.org.mx/sites/default/files/Educar_contingencia_2021.pdf

Medina-Mora, M.E. (2020) COVID-19 and mental health: Challenges and opportunities. Revista Salud Mental, vol. 43, No. 6. Disponible en http://www.revistasaludmental.mx/index.php/salud_mental/article/view/SM.0185-3325.2020.033/3899

MEJOREDU (2021). Indicadores nacionales de la mejora continua de la educación en México 2021. Cifras del ciclo escolar 2019-2020. México, MEJOREDU.

SEP (2022) Principales cifras del Sistema Educativo Nacional 2021-2022. México, SEP.


[i] INEGI, 2022

[ii] Incluye modalidad escolarizada y no escolarizada

[iii] SEP, 2022

[iv] SEP, 2022; MEJOREDU, 2021; Fernández et.al., 2020

[v] INEGI, 2015; 2022

[vi] Medina-Gual et al., 2021; CONALEP, 2020; 2021

[vii] La información proviene de la presentación de la Titular de la Unidad de Prevención de la Violencia y el Delito, Mtra. Tania Enríquez Mier, octubre, 2022

[viii] Medina-Mora, 2020


*Sylvia B. Ortega Salazar

Integrante de MUxED. Doctora en Sociología por la Universidad de Texas. Ha sido Subsecretaria de Educación Media Superior de la SEP Federal y de Servicios Educativos en el Distrito Federal, así como rectora de la UAM-Azcapotzalco y de la UPN. Actualmente es consultora de UNICEF y de UIL-UNESCO. Se desempeña como responsable de Proyectos Estratégicos en CONALEP y preside el Consejo Ciudadano de MEJOREDU.




PALABRAS CLAVE

Previous
Previous

El cerebro necesita relajarse para aprender

Next
Next

La importancia del vocabulario para impulsar el aprendizaje