Más allá de las becas y las canchas deportivas en las campañas electorales

Sonia del Valle*

 

En este artículo, se destaca la desconexión entre las y los candidatos y la juventud mexicana, que representa el 15.5% de la Lista Nominal en las próximas elecciones. A pesar de su considerable presencia, la mayoría de las personas candidatas tiende a abordar a "los jóvenes" de manera homogénea, prometiendo becas y canchas deportivas como soluciones genéricas.


En las elecciones del próximo año, están convocadas y convocados a las urnas 15 millones 135 mil 126 jóvenes de 18 a 24 años inscritos en la lista nominal, actualizada a la fecha, y cuentan con credencial para votar vigente con fotografía.

Representan el 15.5 por ciento de la Lista Nominal, y no hay ningún quinquenio de edad que los supere en número, ni las personas adultas mayores de 65 años, que son poco más de 12 millones.

Pero si bien son muchos en número, la mayoría no tiene conocimiento ni interés por los asuntos políticos del país, 6 de cada 10; y menos del 10 por ciento considera que ser ciudadano está relacionado con su derecho a votar, según la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ECUCI) 2020 del INE e INEGI.

Ambos datos nos llevaron a analizar si el aparente desinterés de la juventud está relacionado con las campañas electorales, y más específicamente si las candidatas y los candidatos conocen a este grupo tan heterogéneo de la población y si son capaces de interpelarlos durante las campañas electorales para motivarlos a votar el día de la elección.

Durante dos años realizamos un estudio exploratorio sobre las narrativas mediáticas en los medios de comunicación convencionales dirigidas a las personas jóvenes durante los procesos electorales 2019-2020 y 2020-2021. El primer dato que arrojaron ambos estudios es que 7 de cada 10 personas candidatas hacen referencia a las personas jóvenes como si se tratara de un grupo homogéneo.

“Históricamente los jóvenes han sido relegados”; “agradeció a todos los jóvenes”; “los programas sociales (son) para alejar a los jóvenes del crimen”; “Vamos a atender a los niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores”; “soy aliado de los jóvenes”.

En esta representación no hay espacio para la interpretación. La figura “los jóvenes” pareciera que alude a todas las personas jóvenes, sin reconocer que en este grupo hay: estudiantes de bachillerato, trabajadores, madres, padres, universitarios, emprendedores, artesanos, deportistas, artistas, indígenas, afromexicanos, personas de la diversidad sexual, jóvenes en conflicto con la ley o privados de su libertad, migrantes, personas con discapacidad o superdotadas, entre otras muchas.

Esta narrativa si bien permite reconocer que en la conversación pública que se registra en los medios de comunicación convencionales las personas jóvenes están presentes, también permite reconocer las ausencias y la distancia que existe entre los elementos discursivos y los objetivos; entre los prejuicios y juicios, conscientes o inconscientes, de las personas adultas sobre la población joven e incluso el desconocimiento de este enorme grupo poblacional.

¿Qué mensajes dirigen las personas candidatas a las juventudes? ¿Las personas candidatas tienen propuestas específicas para las personas jóvenes?

En ambos estudios, encontramos que 7 de cada 10 personas candidatas si bien hacen referencia a “los jóvenes”, las ofertas de campaña son poco o nada creativas. Incluso no hay mucha diferencia entre partidos políticos, porque el tema de las juventudes, desde mi punto de vista, tiene un problema de origen, son las personas adultas, que ni los ven ni los oyen.

¿Qué les ofrecen?

En primer lugar, les ofrecen becas. A la mayoría de las candidatas y los candidatos se les hace fácil ofrecer becas. Becas para que estudien, becas para que sigan estudiando, becas para que no dejen de estudiar, becas para que concluyan sus estudios; becas para pagar internet; becas de  inscripción a las universidades públicas; becas para complementar sus estudios en el extranjero; becas para combatir la marginación; becas para que las juventudes estudien y posterguen su ingreso  en el mercado laboral; becas para frenar la deserción escolar.

Con esta narrativa, las candidatas y los candidatos asumen que todos, absolutamente todos “los jóvenes” lo único que necesitan son becas porque, obviamente todos, sin excepción, lo que quieren es estudiar. ¿Quién les dijo que todas y todos los jóvenes quieren estudiar?

Es hasta ocioso preguntarles a las candidatas y los candidatos si se tomaron la molestia de ir a preguntarles a las y los jóvenes qué requieren; si sus equipos de campaña cuentan con una radiografía de las juventudes estado por estado o municipio por municipio, para saber quiénes son, dónde están, qué hacen, cuáles son sus desafíos y si pueden atenderlos y cómo.

La segunda gran oferta de campaña que nos encontramos, y que coincide en ambos estudios exploratorios, es que para las candidatas y los candidatos, la inseguridad y el crimen organizado se combate con canchas deportivas. ¿Neta?

Por eso no asombra ver en campaña a candidatos que se “echan una cascarita” con un grupo de jóvenes en una maltrecha cancha de alguna colonia o barrio  prometiendo programas deportivos para “acercar a toda la juventud al deporte, para alejarla de prácticas nocivas como el consumo de alcohol, tabaco y drogas, así como evitar de que los jóvenes se desvíen hacia las redes de la delincuencia organizada”; o para “atacar de raíz este flagelo con la atención integral de niñas, niños y adolescentes por medio del deporte”.

En campaña además se promete deporte para todos “los jóvenes” y la construcción de polideportivos, canchas de fútbol, centros de alto rendimiento, programa de talentos deportivos, entre otros. Lo interesante es que la mayoría de estas propuestas por parte de las candidaturas están ligadas al combate de la inseguridad, el crimen organizado y las adicciones.

El resto de las propuestas que son verdaderamente escasas están relacionadas con equipamiento tecnológico, tabletas e internet; tarjetas para el transporte; y apoyos en genérico para emprendedores o promesas como 1 de cada 3 contrataciones en el municipio será para un joven egresado de las universidades.

En ningún caso se ve una propuesta de política pública congruente con las necesidades de las juventudes, tampoco se observa que las personas candidatas conozcan a este grupo de la población, los escuchen o busquen incorporar sus propuestas. Hay becas pero no hay cambio de modelo educativo, que es claro que no les gusta; hay deporte, pero no para formar atletas de alto rendimiento, sino para alejarlos de las drogas; hay propuestas accesorias, pero no un cambio de mirada.

Las campañas electorales no solo requieren candidatos y candidatas que bailen en TikTok o lleguen al Instagram con reels atractivos o simpáticos, requieren tomar en serio a una población que hará la diferencia en las urnas como ha comenzado a pasar en otros países, un ejemplo reciente es Argentina.

Conocer a este grupo heterogéneo, dejar los discursos adulto centristas a un lado y hacer ofertas que sean del interés de las juventudes, pasa por reconocer que estos grupos tienen talentos y habilidades, hay quienes están en el mundo de la inteligencia artificial, hay quienes tienen emprendimientos que requieren una política económica consisten; hay quienes están preocupados por el cambio climático y no encuentran dónde ni cómo contribuir, otros más están en el área de servicios turísticos; hay artesanos, mientras otros están en la agricultura y la silvicultura; hay quienes participan en los deportes extremos y no encuentran lugares dónde practicarlos; hay artistas callejeros y amantes de los libros; otros son youtubers e influencers.

Las campañas deberían servir para construir no solo posibilidades para las juventudes sino para infundir la  certeza de que los dejan participar con toda su diversidad e ideas.

RSS: @lamalaeducación


*Sonia del Valle

Integrante de MUxED. Periodista, comunicadora y creadora de contenidos multimedia en materia de educación y género. Ha trabajado en diversos medios de comunicación impresos, entre ellos el periódico Reforma, donde fue periodista de la sección Nacional y coordinadora del Consejo Editorial de Educación. Fue directora de Comunicación en el CREFAL; Líder de Proyecto en Información Cívica y Género en el Instituto Nacional Electoral y actualmente es consultora en comunicación educativa en Mexicanos Primero.




PALABRAS CLAVE

Previous
Previous

La educación en la encrucijada: qué sigue para México después de PISA 2022

Next
Next

La cuna de oportunidades equitativas en la primera infancia