La mentoría: estrategia por la igualdad inclusiva
Rosalinda Morales Garza*
Este artículo presenta diversos ejemplos de mentoría dirigidos a mujeres jóvenes que viven en contextos de vulnerabilidad, así como algunos de los principales fundamentos teóricos que sustentan esta práctica. Asimismo, propone replantear la mentoría como una estrategia de gobernanza orientada a promover la igualdad sustantiva y plantea la necesidad de explorar su potencial, desde una perspectiva de género, para contribuir a la generación de mejores oportunidades y condiciones de desarrollo para adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Mayra, una joven sobresaliente de Nezahualcóyotl, Estado de México, no habría detonado su talento para la investigación en laboratorios de ciencias de no haber recibido tempranamente la mentoría de doctoras de la UNAM y de médicos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, incluso para contribuir en la redacción de artículos académicos y alcanzar una beca para estudiar un verano en Israel, luego de tres intentos. En su horizonte está lograr un posgrado en Ciencias al concluir su licenciatura a distancia en la UnADM.
Luisa nació en el centro de reclusión donde estaba su mamá, fue criada por su padre en condiciones de precariedad y mudanzas frecuentes; gracias a que llegó a una escuela secundaria con programas de mentoría tuvo el acompañamiento académico y socioemocional de una voluntaria quien estuvo disponible, en comunicación y apoyándola continuamente hasta verla graduarse entre los primeros lugares de su generación.
Teresa, participante del programa BécALAS, se encontraba en la fase de entrevistas para su primer empleo cuando contó con sesiones de mentoría en un grupo pequeño, lo que facilitó el intercambio de ideas en un ambiente de armonía, compartiendo dudas y aspiraciones, dando paso a diálogos enaltecedores en los que logró reconocer sus fortalezas y descubrir recursos para prepararse emocionalmente, mejorar la comunicación y mostrar su potencial como elegible al puesto que deseaba obtener.
Estos casos invitan a reflexionar sobre el ejercicio sistemático de mentorías voluntarias y con perspectiva de género en las organizaciones, las comunidades y los centros educativos; en específico porque las adolescentes y las jóvenes en contextos marginados necesitan la inspiración y el contacto con mujeres que, superando estereotipos, han llegado a dirigir empresas, desarrollar investigaciones, crear tecnologías, impulsar proyectos sociales, ocupar cargos públicos o desenvolverse como líderes comunitarias. No porque todas deban perseguir los mismos objetivos, sino porque contar con diversos apoyos, y en particular con mentorías, propicia la ampliación de perspectivas y la incorporación de herramientas que lleven a estas mujeres a imaginar y llevar a cabo proyectos de vida que vayan más allá de su entorno social.
Las investigaciones de Jean Rhodes[1], especialista en mentoría juvenil, muestran que las relaciones de mentoría de calidad pueden mejorar el desempeño académico, fortalecer la autoestima, incrementar la permanencia escolar y reducir factores de riesgo social. También Kathy E. Kram[2] demostró que las relaciones de mentoría generan beneficios profesionales y personales; con la mentoría, las personas no sólo obtienen conocimientos y habilidades, también afirman su identidad, confianza y sentido de pertenencia.
Por su parte, Albert Bandura[3] explicó que gran parte de la confianza personal se desarrolla observando modelos que nos muestran que determinadas metas son posibles y alcanzables. Cuando una joven conoce a una mujer que ha logrado aquello que ella aspira a conseguir, sus propias expectativas se fortalecen. Así mismo, Carol Gilligan[4] señaló que el desarrollo humano se construye, en gran medida, a través de las relaciones significativas. La mentoría ofrece eso: una relación donde alguien escucha, acompaña, orienta y valida las capacidades de otra persona.
La mentoría como puente hacia metas posibles y alcanzables
En el marco de la justicia social y la igualdad sustantiva a la que se aspira en México, pese a los enormes retos para alcanzar el bienestar de todas las personas, la mentoría puede ser significativa para mujeres que crecen en contextos donde existen pocos referentes femeninos que participen en activismo comunitario, emprendimiento, ciencia o tecnología. En este sentido, la mentoría debe desarrollarse de manera intencional y solidaria desde el diálogo, el modelaje, y el conocimiento de las experiencias de las mentoras, con el propósito de acompañar a las jóvenes en el descubrimiento de realidades alcanzables.
Al entender la mentoría como estrategia para la igualdad, resultan relevantes los aportes del sociólogo Pierre Bourdieu[5], quien definió el capital social como el conjunto de recursos a los que una persona puede acceder gracias a sus relaciones y redes sociales, lo que significa tener acceso diferenciado a redes existentes de apoyo. Algunas familias cuentan con contactos profesionales, referentes académicos o agentes que conocen el funcionamiento de las instituciones, pero muchas otras no.
Cuando una líder, profesionista, emprendedora o activista social acompaña a adolescentes en su proceso de formación, no sólo comparte conocimientos, también facilita datos sobre oportunidades, becas, carreras, espacios de participación y de desarrollo. Así, puede concebirse la mentoría como una estrategia de democratización del capital social; una forma de redistribución simbólica de recursos y, cuando se dirige específicamente a jóvenes en situación de vulnerabilidad, como acción afirmativa orientada a reducir desigualdades estructurales.
La mentoría, y toda estrategia que contribuya a lograr la igualdad, debe reconocer la diversidad de experiencias y adaptar los apoyos diferenciados a las exigencias de cada contexto, porque de acuerdo con la teoría de la interseccionalidad, las desigualdades se cruzan y agravan las condiciones de quienes en la ley son sujetos de derechos y en las políticas públicas deben ser grupos prioritarios.
La mentoría con perspectiva de género
El concepto de mentoría evolucionó históricamente para convertirse en una de las estrategias feministas para apuntalar la inclusión en espacios públicos de conocimiento y poder; revertir desigualdades de género e impulsar a las mujeres a desarrollar sus capacidades a plenitud. A diferencia de la tutoría en las escuelas, que refiere a la intervención docente para el desarrollo académico, ubicada en la comunidad escolar y en el marco del currículo, la mentoría con perspectiva de género, establece un poderoso vínculo para la inspiración, el impulso al talento y el descubrimiento de posibilidades en una forma dinámica.
Desde la perspectiva de Marcela Lagarde[6], uno de los aportes originales de la mentoría es su capacidad para materializar la sororidad, que se refiere a las alianzas solidarias entre mujeres para enfrentar desigualdades, promover derechos y construir relaciones de apoyo mutuo. Cuando las estructuras sociales han limitado el acceso de las mujeres a espacios de decisión, liderazgo y conocimiento, muchas han tenido que recorrer sus trayectorias afanosamente, renunciando al confort, viendo arrebatadas sus creaciones, tomando decisiones excluyentes y, no pocas veces, en soledad.
Con la mentoría se abre la posibilidad de romper el aislamiento y transformar experiencias individuales en aprendizajes colectivos de mujeres con la capacidad de compartir recursos, oportunidades y formas de resistencia frente a la desigualdad; la mentoría es una estrategia para transferir el conocimiento acumulado por una generación como herramienta para la siguiente.
Reconociendo que algunas organizaciones aplican mentorías para desarrollar liderazgos o potenciar talento, es pertinente explorar la factibilidad de que se pongan a disposición, ampliamente, programas de mentorías como acción afirmativa con perspectiva de género, desde alianzas entre instituciones, organizaciones civiles, academias de profesionistas, sindicatos, grupos empresariales, comunidades y voluntariado calificado.
Así, es posible abonar condiciones para avanzar hacia la igualdad sustantiva, al existir evidencias de que la mentoría contribuye a ampliar la perspectiva y los horizontes de las adolescentes con capital social limitado, carentes de redes de apoyo o sin acceso a derechos y herramientas básicas para una calidad de vida.
Planteado lo anterior, queda a consideración de las instituciones públicas correspondientes el desarrollo e implementación de estrategias de gobernanza para que cada vez haya más mentoras voluntarias calificadas que acompañen a adolescentes en contextos vulnerables para facilitarles conocimientos, habilidades, recursos disponibles y experiencias, que les brinden experiencias y oportunidades que de otra forma les estarían vedadas.
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Referencias
Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. W. H. Freeman.
Bourdieu, P. (1986). The forms of capital. En J. Richardson (Ed.), Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education (pp. 241–258). Greenwood.
Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex. University of Chicago Legal Forum, 139–167.
hooks, b. (1994). Teaching to Transgress: Education as the Practice of Freedom. Routledge.
Kram, K. E. (1985). Mentoring at Work: Developmental Relationships in Organizational Life. Scott Foresman.
Lagarde, M. (2006). Pacto entre mujeres. Sororidad. Coordinación General de Enlace Institucional.
Masten, A. S. (2014). Ordinary Magic: Resilience in Development. Guilford Press.
Rhodes, J. E. (2002). Stand by Me: The Risks and Rewards of Mentoring Today's Youth. Harvard University Press.
Secretaría de Educación Pública (2022). Marco Curricular y Plan de Estudios de la Nueva Escuela Mexicana. SEP.
UNESCO (2024). Global Education Monitoring Report. UNESCO.
UN Women (2023). Progress on the Sustainable Development Goals: The Gender Snapshot 2023. United Nations.
*Rosalinda Morales Garza
Integrante de la Red MUXED. Consultora senior para potenciar el talento y la toma de decisiones incluyente. Es Doctora en Administración Pública por la Universidad Anáhuac. En SEP encabezó a nivel nacional la educación indígena, comunitaria y migrante (2002-2019) generando transformaciones en atención educativa a la diversidad. En la CNDH diseñó y dirigió el Programa DESCA (2021-2023).