Educación Financiera: El momento “Ajá” y el enorme poder de un poquito

Magalí Murià*

 

La educación financiera tiene el poder de provocar un profundo cambio de perspectiva cuando las personas descubren que pequeñas acciones, repetidas de forma constante, pueden transformar su futuro económico. Ese momento “Ajá" no consiste únicamente en aprender a ahorrar o administrar dinero, sino en recuperar la sensación de agencia y comprender que el bienestar también depende de decisiones personales sostenidas en el tiempo. A partir de experiencias con mujeres migrantes en Singapur, Estados Unidos y otros países, el artículo muestra cómo la educación financiera, combinada con acompañamiento emocional y redes de apoyo, ha permitido construir negocios, fortalecer familias y romper ciclos de pobreza. Más que enseñar técnicas financieras, este tipo de formación ayuda a imaginar un futuro distinto, demostrando el enorme poder que puede tener "un poquito" cuando se convierte en un hábito.


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A Verónica Gámez,

inspiradora y constructora de modelos 

educativos para la inclusión financiera.

Algo muy potente ocurre cuando aprendemos a dimensionar el pensamiento lineal que se nos da naturalmente. Cuando dejamos de enfocarnos en acciones aisladas y comenzamos a visualizar trayectorias. Se trata de un cambio en la representación mental, que se ha estudiado y documentado extensamente, pero que no deja de ser sobrecogedor. Me refiero al famoso momento “Ajá”, cuando nuestro cerebro conecta las equis y las yes, y asimila que cambios pequeños, y hasta insignificantes, tienen el potencial de producir enormes beneficios, cuando los repetimos consistentemente a través del tiempo.

En el terreno de la solvencia económica, el momento “Ajá” es un momento de transformación profunda y empoderamiento, en el que la persona descubre que cuando el futuro aparece determinado por situaciones completamente externas, la acción individual puede aportar un cambio significativo, sin alterar la cantidad de dinero con que se cuenta en ese instante.  No se trata únicamente de adquirir conocimiento sino de transformar la autoimagen: pasar de ser receptora pasiva de circunstancias adversas a ser un persona capaz de influir en su propio bienestar. La persona aprende entonces mucho más que una técnica financiera: recupera su capacidad de agencia.  

No nacemos con ello. Dejar de pensar exclusivamente en la sobrevivencia inmediata, basada en eventos aislados, e incorporar procesos acumulativos, como por ejemplo el ahorro, es algo que se aprende. Es aquí donde el nivel económico y educativo adquieren un peso difícil de sobrellevar para quienes no nacieron en un medio social privilegiado. Lo que algunos interiorizan casi orgánicamente de prácticas familiares y sociales, resulta ajeno para quienes no tienen esos recursos. Por ello, es aquí también donde descansa el gran potencial de la educación financiera que, sin traer soluciones totales, institucionales o sistémicas a la pobreza, abre puertas a quienes han quedado excluidos de la movilidad económica. 

Durante mis años de diseñar y armar programas de educación financiera para mujeres migrantes, he visto casos inspiradores, en los que el momento “Ajá” provocó un efecto dominó que mejoró visiblemente su vida, la de sus familias y comunidades. 

Nilu, por ejemplo, era una de las casi 300 mil mujeres migrantes, que trabajan en Singapur como empleadas domésticas. Provenientes de India, Myanmar, Indonesia, Filipinas y Sri Lanka, estas mujeres viajan solas, dejando vidas y familias, para trabajar por cantidades que, de otra manera, les sería imposible conseguir.  La inmensa mayoría de ellas, el 94 %, regresa a sus países sin haber ahorrado nada, con la intención de volver a migrar. 

Separada de su marido, Nilu se inscribió en Aidha, una empresa social dedicada a ofrecer educación financiera a trabajadoras como ella, que este año celebra su 20.º aniversario. Con las herramientas que obtuvo en el programa, Nilu comenzó a ahorrar y a vender té de su nativo Sri Lanka. Después de unos años, con el capital que acumuló de sus ventas, Nilu pudo regresar su país, para reunirse con su familia y fundar Nilu Tea, marca comercial de té de primera calidad, y su organización hermana Emerging Hope Lanka,  que ofrece educación financiera a mujeres en ese país. Nilu, a quien conocí durante los años que vivió en Singapur, no descubrió únicamente cómo ahorrar. Descubrió que el tiempo podía convertirse en un aliado. Ese fue su momento "Ajá". Su caso es un recordatorio de lo que me gusta llamar en mis clases “el enorme poder de un poquito”, o la reacción en cadena que se produce cuando una persona descubre el potencial que tienen cambios minúsculos, lo multiplica y exporta para beneficiarse a sí misma, y a su entorno. 

Otro caso digno de compartirse fue el de Gaby, migrante michoacana en California quien, habiendo sobrevivido un matrimonio abusivo, comenzaba de cero sin hablar inglés y con dos niños pequeños. Cuando la conocí caminaba con dificultad, víctima de una lesión grave que sufrió intentando trabajar en la construcción. Además de ofrecer herramientas para el ahorro, los cursos a los que asistió Gaby dedicaban una buena parte al historial de crédito, necesario en Estados Unidos para hacer compras importantes. En algún momento, Gaby dejó de verse como alguien que sobrevivía al día siguiente y comenzó a sentirse capaz de abrirse un camino más prometedor. Con el dinero que ahorró y el crédito que obtuvo pudo comprar un vehículo, a buen interés, lo que le permitió hacer y repartir arreglos florales. Hoy en día, Gaby tiene una florería, con la que se mantiene ella y los estudios superiores de sus hijos. 

Pese a pertenecer a culturas tan distintas, los grupos de migrantes con los que he trabajado comparten rasgos comunes: En todos ellos, el beneficio de la instrucción financiera como tal no se aprovecha igual si no se combina con un componente de apoyo emocional y empoderamiento personal, que resulta igual o más importante que la apropiación de conceptos. 

Aprender a decir que no, por ejemplo, representa un paso importante para estas mujeres, en cuyas familias son proveedoras de remesas que, de no controlarse, producen espirales de gastos asociados con la culpa de no estar presente, el dolor de la separación y la poca autoestima. Asimismo, la formación de redes de apoyo mutuo que favorecen las clases y círculos de ahorro –cualquiera que sea su formato– son cruciales, creando ámbitos donde exportar y aplicar las prácticas formales e informales que se han aprendido.     

Pero el enorme poder de un poquito no es visible únicamente a nivel individual, sino que ha dado lugar a proyectos e innovaciones sociales sumamente importantes. Está por ejemplo el caso de Muhammed Yunus, quien obtuvo el premio Nobel de la Paz en 2006, por haber implementado en Bangladesh un programa de micro-crédito, otorgado principalmente a mujeres. Los tres pilares del modelo de Yunus son: la educación y acompañamiento financieros, el acceso al crédito y la responsabilidad individual. El banco con el que trabaja Yunus, Grameen Bank, ha alcanzado cifras impresionantes: más de 10.6 millones de prestatarios, con una tasa de recuperación del 96%. Su éxito histórico consistió, sobre todo, en demostrar que intervenciones regulares, a pequeña escala, pueden transformar economías individuales y colectivas. 

Al igual que Nilu y Gaby, otras mujeres migrantes han podido, gracias a la educación financiera, regresar a sus países y reunirse con sus familias. Un restaurante en Yakarta que comenzó con capital reunido a base de ahorrar mensualmente cantidades minúsculas, o un negocio de reciclaje de basura que literalmente facilitó, en Filipinas, el retorno a la escuela de decenas de niños, son solo algunos de los muchos ejemplos. En la dimensión cotidiana, me tocó presenciar casos en los que se pudieron comprar al contado útiles escolares, afrontar gastos médicos sin alterar las finanzas familiares y salir de la condición de calle alquilando una vivienda. 

En todos estos casos, el verdadero poder de un poquito no implica sólo el cambio que puedan traer unas cuantas monedas. Conlleva también el hecho de que una persona descubra que su futuro ya no está compuesto únicamente por circunstancias, sino también por decisiones. Una vez que ocurre ese momento "Ajá", la educación financiera deja de transmitir únicamente conceptos y técnicas, para cultivar una manera distinta de imaginar el tiempo, la propia capacidad de actuar y, en última instancia, el futuro.

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*Magalí Murià

Integrante de MUxED. Ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional a la docencia, la evaluación de impacto y la cooperación internacional en el ámbito educativo. Tiene experiencia en programas de educación financiera dirigidos a personas migrantes. Es licenciada en Relaciones Internacionales por El Colegio de México, maestra en Comunicación por la Universidad de Boston y doctora por la Universidad de California en San Diego.




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