Mujeres en el limbo: precariado femenino sin título universitario

Vania Bañuelos Astorga*

 

La credencialización es clave para mejorar las oportunidades laborales y la movilidad social en México. En particular, las egresadas de Pedagogía enfrentan vulnerabilidad laboral y profesional por no contar con una cédula profesional. Y esto pasa, entre muchos factores, porque la UNAM establece procesos burocráticos excluyentes que ocasionan precarización y ponen en riesgo el bienestar y desarrollo de las mujeres egresadas de esta carrera.


Las egresadas de la licenciatura de Pedagogía, catalogada como una “carrera femenina”[1] enfrentan una vulnerabilidad laboral y profesional al no titularse, pues permanecen como pasantes indefinidas, carecen de cédula profesional y se insertan en empleos desvinculados de su formación. Esta situación –que se manifiesta en agotamiento mental, baja autoestima y limitadas oportunidades de ascenso– las precariza y suele traducirse en jornadas laborales ampliadas que reducen su tiempo para actividades intelectuales y formativas.

Pese a la relevancia de estos efectos para la trayectoria profesional y la reproducción de desigualdades de género hay escasa sistematización sobre cómo la falta de titulación en Pedagogía condiciona las oportunidades laborales, el bienestar psicosocial y las posibilidades de movilidad social de estas mujeres. De ahí que sea necesario preguntarse ¿de qué modo la ausencia de titulación en egresadas de la licenciatura en pedagogía contribuye a la precarización laboral, al deterioro del bienestar psicosocial y a la limitación de su desarrollo profesional?

En México, la credencialización y el mercado laboral están relacionados para mejorar tanto los sueldos y salarios como la oportunidad de ascender y buscar mejores trabajos. En mi experiencia acompañando procesos de titulación en la carrera de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, desde 2021, he visto que ser mujer, de entre los 25 y 40 años, cuidadoras y/o madres de familia, trabajadoras de jornada ampliada o dobles turnos y con poco tiempo libre, son determinantes para no titularse y, por ende, para no obtener una cédula profesional.

La titulación formal funciona como requisito institucional, es señal de cualificación y, sobre todo, de un poder simbólico que opera de manera positiva en la autoestima de las nuevas licenciadas. Esta tendencia no es universal. En otros países –en donde el aumento de títulos universitarios en mujeres compite contra el talento internacional de bajo costo– dicha tendencia está cambiando y como resultado de ello hay una lucha por mantener el nivel de vida de la clase media[2].

Las investigaciones sobre género en el trabajo evidencian que las profesiones feminizadas sufren de menor reconocimiento y protección laboral. El precariado femenino[3] no solo sufre inestabilidad laboral, sino que también enfrenta la carga de la reproducción social –trabajo doméstico y de cuidados no remunerado–, exacerbando el agotamiento y la falta de tiempo personal; es lo que Standing[4] llama una “mente precarizada”.

Entonces, ¿por qué buscar una estabilidad laboral importa? e ¿importa más si eres mujer? Desde el enfoque de la interseccionalidad[5]  “…se considera que la causa de la opresión o del privilegio no es una única, sino múltiples causas sociales que se relacionan entre sí y que conforman las experiencias individuales y la estructura social…” [6]. La estabilidad laboral permite a las mujeres alcanzar una mayor autonomía financiera, lo que reduce su dependencia de otras personas y empodera su toma de decisiones. Ayuda a cerrar la brecha salarial de género, pues las mujeres con trabajos estables pueden negociar mejores salarios y beneficios. Ofrece horarios más predecibles y otras prerrogativas que facilitan la conciliación entre la vida laboral y familiar, algo que a menudo recae desproporcionadamente sobre las mujeres.

Un empleo estable brinda oportunidades para el crecimiento profesional y genera acceso a beneficios como seguro médico, jubilación, entre otros, que son esenciales para la seguridad a largo plazo. Aún más importante, la estabilidad laboral tiene un impacto en la próxima generación pues mejora el entorno económico de las mujeres, así como la situación educativa de sus hijos e hijas, lo que contribuye a romper ciclos de pobreza[7]. Importa porque “las trayectorias laborales no son únicamente una acumulación de empleos en el tiempo, sino caminos imaginados, cambiantes, buscados y evaluados por los propios individuos en un momento dado...”[8].

En la siguiente gráfica, con datos de ANUIES, se aprecia la disparidad entre personas egresadas y personas tituladas en la UNAM, en el ciclo 2022-2023. Dichos datos son congruentes con otras fuentes[9] que indican que sólo un 30%  del estudiantado que termina una licenciatura, logra titularse dentro del tiempo esperado o en absoluto. De acuerdo con la clasificación de ANUIES, en 2022 las carreras con más títulos en la UNAM fueron Derecho (13.3%), Médico Cirujano (12.6%), Cirujano Dentista (6.92%), Enfermería (6.32%) y Psicología (6.72%), pues para ejercer estas carreras es indispensable contar con una cédula profesional[10].

 
 

La matrícula de ingreso a la carrera de Pedagogía en la FFyL de la UNAM se ha mantenido, en los últimos años, en un promedio de entre 3 mil y 3,500 estudiantes, con una titulación de alrededor del 4.42% anual, lo que claramente expresa un efecto coladera entre la matrícula de ingreso y las personas que se titulan. En 2022, se matricularon 3,077 personas, egresaron 170 (5%)[11] y se titularon 136 (4%)[12], como se aprecia en el gráfico circular que aparece abajo.

 
 

Si bien la FFyL ha hecho esfuerzos por incorporar nuevas opciones de titulación, no han sido efectivas, pues resultan en los mismos candados de exclusión para el perfil de quienes egresan : estructuras burocratizadas, requisitos presenciales y de dedicación completa, entre otros obstáculos.

Esta situación no es nueva. Desde que Francisco Larroyo creó la carrera de Pedagogía en 1954, se ofreció con nivel de maestría. Luego, él mismo, siendo director de la FFyL en 1959, la convirtió en licenciatura, con duración de 3 años[13]. Después de siete décadas de cambios curriculares y administrativos[14] y de nuevos reglamentos[15], tanto la carrera como sus reglas de titulación siguen siendo excluyentes.

La obtención de un título y una cédula profesional legitima la competencia profesional y facilita el acceso a empleos acordes al campo de estudio y a trayectorias de ascenso; pero si no se promueven mecanismos reales de titulación, se reduce el valor laboral reconocido y las oportunidades de movilidad laboral, profesional y social. La UNAM precariza a sus egresados y los deteriora emocionalmente. Romper este techo tomará tiempo pues quienes tienen la posibilidad de pensar otras formas son directivos y académicos privilegiados a quienes poco les costó llegar a obtener sus títulos y cargos.

Reflexiones finales

No tengo duda de que habrá quien no esté de acuerdo con lo expuesto aquí, incluso defenderán el hecho de que la UNAM sea más exigente en sus procesos de titulación. Pero tomar conciencia del lugar que ocupamos en la jerarquía puede llevar a cuestionar dicho orden y a querer revertirlo y es ahí donde las personas privilegiadas (el sistema) muestran su resistencia en forma de violencia y opresión[16]. “La interseccionalidad, entonces, pretende analizar la relación entre lo estructural y lo vivido, a partir de una mirada relacional, plural y contextual...”[17]. En ese sentido, me resulta urgente compartir un poco de lo que veo con las tesistas que acompaño en sus procesos: la eterna búsqueda por obtener un título en realidad evidencia que la precariedad laboral femenina es estructural al nuevo capitalismo, donde la carrera profesional tradicional es reemplazada por una lucha constante por la supervivencia, afectando la autonomía y seguridad a largo plazo de las mujeres. La búsqueda de estabilidad laboral –obtenida muchas veces mediante un título y cédula profesional– es fundamental para mejorar la calidad de vida y las oportunidades de las mujeres, así como para avanzar hacia una sociedad más equitativa.

Redes sociales

LinkedIn

Twitter

Instagram

Correo electrónico

Referencias

Aguilar, C. (2024). ¿Cuántos alumnos se titularon de la UNAM en el último año?. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://infogram.com/egresados-vs-titulados-por-campo-de-estudio-unam-22-23-1hnp27e5oeyny4g

Brown, P. & Ashton, D. (2011). The Global Auction: The Broken Promises of Education, Jobs, and Incomes. Oxford University Press. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://www.researchgate.net/publication/227468309_The_Global_Auction_The_Broken_Promises_of_Education_Jobs_and_Incomes

Calzada, M. (2021). Carreras femeninas “contra” masculinas. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://gaceta.cch.unam.mx/es/carreras-femeninas-contra-masculinas

Crenshaw, Kimberle (1989) "Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist Politics," University of Chicago Legal Forum: Vol. 1989, Article 8. https://chicagounbound.uchicago.edu/uclf/vol1989/iss1/8

DataMexico (2026). Universidad Nacional Autónoma de México. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://www.economia.gob.mx/datamexico/es/profile/institution/universidad-nacional-autonoma-de-mexico?comparisionGenderSelector1=academicGender0&higherEducationSelector1=academicUpper11#egresados-graduados-titulados-distribucion

FFyL. (2021). Reglamento de titulación. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de http://proyectos.filos.unam.mx/ct/normatividad/Reglamento-opciones-titulacion-may2022.pdf

Hualde Alfaro, A., Guadarrama Olivera, R., & López Estrada, S. (2016). Precariedad laboral y trayectorias flexibles en México. Un estudio comparativo de tres ocupaciones. Papers. Revista De Sociología, 101(2), 195–221. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://doi.org/10.5565/rev/papers.2188

Imaginamas, s/f. Guía de igualdad. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://imaginamas.org/

Navarrete-Cazales, Zaira, & Buenfil-Burgos, Rosa Nidia. (2018). Creación de una profesión. La carrera de Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Revista mexicana de investigación educativa, 23(79), 1023-1049. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-66662018000401023&lng=es&tlng=es

Piras, C. (edit.) (2006). Mujeres y trabajo en América Latina. Desafíos para las políticas laborales. BID.

Rodrigues, M. dos R., & González-Monteagudo, J. (2024). Trayectorias educativas de

mujeres latinoamericanas residentes en España: Una perspectiva interseccional y biográfica. Archivos Analíticos de Políticas Educativas, 32(10). Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://doi.org/10.14507/epaa.32.8155

Rodríguez-Van Gort, M. (2023). Segundo informe de actividades. Recuperado el 10 de marzo de 2026, de https://drive.google.com/file/d/15qnB09K2vsp9_uAFVHVBq_pV_eNzkRjP/view

Standing, G. (2011). The Precariat: The New Dangerous Class. Bloomsbury Academic

Suárez-Iñiguez, E. (2021). Cómo hacer la tesis: la solución a un problema. (3ª edición). Trillas.


[1] Calzada, 2021, Navarrete-Cazales y Buenfil-Burgos, 2018.

[2] Brown & Ashton, 2011.

[3] Se refiere a la inserción desproporcionada de mujeres en empleos inestables, mal pagados y sin protección social, como atención médica, licencias por maternidad, pensiones, en otras. Se caracteriza por la informalidad, salarios insuficientes y una alta carga de trabajo de cuidados no remunerados que afectan la autonomía y calidad de vida.

[4] Standing, 2011.

[5] El enfoque de la interseccionalidad es una herramienta analítica, introducida por Kimberlé Crenshaw (1989), que examina cómo diversas estructuras de poder (género, raza, clase, sexualidad, edad) se superponen y articulan, creando formas únicas de discriminación o privilegio. Reconoce que las experiencias de desigualdad son complejas y heterogéneas, no sumatorias.

[6] Imaginamas, s/f, p. 18.

[7] Piras, 2006.

[8] Hualde, Guadarrama & López, 2016.

[9] Suárez-Iñiguez, 202.

[10] Aguilar, 2024.

[11] Datamexico, 2026.

[12] Rodríguez-Van Gort, 2023.

[13] Navarrete-Cazales, Zaira, y Buenfil-Burgos, Rosa Nidia, 2018.

[14] Ibid.

[15] FFyL, 2021.

[16] Imaginamas, s/f, p. 18.

[17] Rodrigues y González-Monteagudo, 2024.


*Vania Bañuelos Astorga

Integrante de MUxED. Pedagoga y Maestra en Políticas Educativas con experiencia en investigación educativa y docencia. Ha sido coordinadora y directora de escuelas en todos los niveles. Co-fundó programas educativos, un centro de innovación educativa y una consultoría pedagógica. Desde el 2021 acompaña procesos de titulación de mujeres tesistas y forma parte de Nozomi, Pedagoxía con X y Hybridge Education.




PALABRAS CLAVE

Next
Next

¿Qué infancia queremos? El debate urgente sobre pantallas en primera infancia