¿Qué infancia queremos? El debate urgente sobre pantallas en primera infancia
Claudia Uribe Salazar*
Las pantallas y dispositivos digitales son omnipresentes en la mayoría de hogares y espacios donde realizamos nuestras actividades diarias. Niños y niñas están, desde los primeros días de vida, muy expuestos a tabletas, celulares y demás artilugios digitales de uso corriente. Es un fenómeno creciente e inevitable. Para que esta “avalancha digital” sea una oportunidad y no un riesgo para las infancias, las familias requieren orientaciones que establezcan parámetros y salvaguardas que velen por los intereses y seguridad de los niños y las niñas. Este texto ofrece algunas recomendaciones en ese sentido.
Como lo señala un informe del Banco Mundial[1], en muchos lugares del mundo es común ver a padres y madres de todos los niveles socioeconómicos usar celulares, tabletas u otras pantallas como “niñera digital” para sus hijas e hijos pequeños para ofrecerles distracción, calma y para dormirlos. Esta interacción de las infancias con pantallas se ha normalizado tanto que las horas que pasan frente a ellas ha comenzado a ser objeto de preocupación.
Un estudio en México con 91 personas cuidadoras de todo el país encontró que los niños y las niñas entre los 12 y 36 meses pasan entre tres y cuatro horas diarias frente a una pantalla[2]. Así mismo, en Estados Unidos, los niños y las niñas de 0-2 años pasan más de una hora diaria frente a pantallas, mientras que quienes tienen entre 2 y 4 años superan las dos horas[3]. Esta situación que se replica en muchas partes del mundo hace evidente que el tiempo de exposición de niñas y niños pequeños a las pantallas supera con creces los límites recomendados por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, UNESCO y la Academia Americana de Pediatría.
La OMS, por ejemplo, recomienda cero tiempo de pantalla para niñas y niños menores de dos años (excepto videollamadas ocasionales) y no más de una hora diaria para niños y niñas de dos a cuatro años, enfatizando que “menos es mejor”[4]. Esta postura se fundamenta en la evidencia sobre el desarrollo cerebral temprano: Los primeros años son un período crítico de formación de conexiones neuronales que dependen de las interacciones con personas adultas, del desarrollo del apego con la madre y otras personas cuidadoras cercanas, del descubrimiento del entorno tridimensional, del contacto con objetos, del movimiento físico, del juego manipulativo y de la comunicación cara a cara. Claramente, estos factores no son posibles a través de una pantalla.
En México y en otros países del sur global, la escasa información pública e investigación disponible, sumada a las efectivas campañas comerciales de empresas tecnológicas, ha resultado en que pocas familias conozcan los potenciales riesgos del uso excesivo o inadecuado de pantallas para el desarrollo infantil. Consecuentemente, cada vez se observan más afectaciones en niñas y niños pequeños relacionadas con la atención, el desarrollo del lenguaje, la salud socioemocional y diversos comportamientos adictivos. También aumentan las preocupaciones de padres y madres que se sienten impotentes para regular el uso que hacen sus hijas e hijos de estos dispositivos a medida que crecen.
En el ámbito educativo, la incursión de las tecnologías en las aulas, incluso desde los grados iniciales, representa un desafío para la comunidad educativa, que cuenta con escaso apoyo y orientación para su uso adecuado, en general, y en edades tempranas, en particular.
Para que esta “avalancha digital” sea una oportunidad y no un riesgo para las infancias, se requieren orientaciones que establezcan parámetros y salvaguardas que velen por los intereses y la seguridad de niños y niñas. Es por ello que debemos mantenernos alertas frente a los usos e impactos de las pantallas durante esta etapa crítica del desarrollo infantil.
¿Qué dice la investigación al respecto?
La investigación científica ya muestra evidencia sobre los efectos nocivos del uso inadecuado o excesivo de pantallas en la infancia. En materia de desarrollo del lenguaje, diversos estudios muestran que la exposición prolongada a pantallas en los primeros dos años afecta negativamente tanto la comprensión como el vocabulario[5]. Por lo que se refiere a la atención –requisito indispensable para el aprendizaje– una revisión sistemática de casi 500 estudios encontró una correlación positiva entre tiempo de exposición a pantallas y dificultades para mantener la atención. A mayor tiempo de exposición a pantallas, la capacidad de concentración y autorregulación disminuye[6]. En cuanto al desarrollo socioemocional, hay estudios longitudinales que muestran que las y los bebés (de nueve meses) que estuvieron expuestos a más tiempo de pantalla mostraron una mayor desregulación emocional, a los dos años[7].
Más allá del tiempo de uso
UNICEF argumenta que reducir el debate a “número de horas” simplifica un fenómeno que es mucho más complejo y documenta, con estudios, que las restricciones generales de tiempo de uso son insuficientes, por lo que recomienda un abordaje que considere contenido, contexto y mediación adulta[8].
Por su parte, la OCDE[9] hace evidente que la mediación adulta emerge como factor crucial y protector en la exposición infantil a la tecnología. Cuando una persona adulta acompaña activamente al niño o la niña, pausando para preguntar o comentar, conectando con experiencias reales, la tecnología con contenido interactivo y educativo puede influir positivamente en el desarrollo infantil.
Más allá del daño directo que pueden producir las pantallas debemos preguntarnos qué están desplazando. Cada hora frente a una pantalla es una hora menos de juego libre, conversaciones con cuidadores, movimiento físico, interacción social y experimentación con el mundo “real”. Un hallazgo inquietante es que las familias de menores ingresos reportan usar dispositivos digitales con mayor frecuencia en sus prácticas de crianza que las familias de mayores ingresos o nivel educativo. La brecha digital en esta etapa pareciera entonces darse de manera inversa: A mayor ingreso, menos pantalla y más oportunidades de tener experiencias alternativas ricas en aprendizajes.
¿Qué hacerante la ineludible presencia de pantallas en los hogares?
Las personas expertas ofrecen algunas recomendaciones prácticas para madres, padres y educadoras:
Establecer reglas: Definir zonas libres de pantallas y restringir su uso a ciertos horarios. Priorizar actividades de calidad acordes a la edad y desarrollo del niño y la niña, siempre con supervisión adulta.
Modelar el comportamiento deseado: Los padres o madres que constantemente revisan sus teléfonos naturalizan los comportamientos que consideran como “uso aceptable” de la tecnología.
Curar contenido con criterio: Buscar contenido respaldado por expertos en desarrollo infantil, sin publicidad, con ritmo pausado que invite a la interacción activa.
Crear alternativas accesibles: Fomentar opciones de actividades no digitales: crayones, libros, plastilina, objetos naturales para explorar.
Dialogar sobre lo visto: Convertir el tiempo de pantalla en experiencia compartida, conectando contenido digital con experiencias reales.
La nueva frontera: juguetes inteligentes y chatbots infantiles
Es tan vertiginoso el desarrollo tecnológico que cuando aún no comprendemos plenamente cómo regular el uso y exposición a pantallas durante la primera infancia, nos enfrentamos ahora a una nueva ola de “juguetes inteligentes” y chatbots infantiles. Peluches, muñecas y carritos que pueden sostener conversaciones con los niños y las niñas, programados para establecer relaciones de “apego” y “amistad”. Ahora debemos estar alertas también a las interacciones que niños y niñas están teniendo con estos nuevos objetos y tecnologías.
Un factor de preocupación es la dificultad que tienen las infancias para diferenciar lo humano de lo artificial, ante objetos que interactúan y hablan como si fueran personas. Nos preguntamos ¿Qué aprende un niño o una niña pequeña sobre las relaciones sociales cuando sus “amigues” algorítmicos nunca se frustran y están programadas para complacerles? ¿Cómo impacta esto en sus relaciones con otras infancias? ¿O cómo les impacta cuando estos “amigues” producen conversaciones amenazantes o sexualizadas, o refuerzan estereotipos y valores ajenos a los de la familia? Todos estos dilemas derivados de este enorme experimento social, requieren de más estudios, orientaciones y regulaciones para garantizar la protección de las y los menores.
La pregunta de fondo
Además de salvaguardar el bienestar y seguridad de las infancias, el debate sobre el uso y exposición a las pantallas y tecnologías en los primeros años de vida conlleva una pregunta más profunda sobre el tipo de infancia que queremos para los niños y las niñas. Esta pregunta nos debe llevar a decisiones colectivas sobre cómo protegemos el tiempo y espacio para que niños y niñas lo sean de verdad, para que exploren el mundo con todos sus sentidos, construyan relaciones significativas y desarrollen su humanidad fundamental.
No creemos que las pantallas y las tecnologías sean inherentemente malas, pero tampoco que sean neutrales. En la primera infancia, cuando cada experiencia e interacción crea una impronta cerebral para toda la vida, la cautela ante los potenciales riesgos no es tecnofobia sino prudencia basada en evidencia sobre cómo los seres humanos nos desarrollamos, conocemos el mundo y aprendemos a relacionarnos con los demás.
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LinkedIn: Claudia Uribe
Referencias
Common Sense Media. (2025). The Common Sense Census: Media Use by Kids Age Zero to Eight, 2024. Common Sense Media.
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2019). Growing up in a connected world. UNICEF. https://www.unicef.org/innocenti/media/7006/file/GKO-Summary-Report-2019.pdf
Madigan, S., Browne, D., Racine, N., Mori, C., & Tough, S. (2020). Association between screen time and children's performance on a developmental screening test. JAMA Pediatrics, 174(3), 244-250. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2019.5264
Molina, E. (2025). El tiempo frente a la pantalla en la educación infantil: Equilibrar la balanza digital. Digital Innovations in Education (Brief N°5). Banco Mundial. https://documents1.worldbank.org/curated/en/099936107302595687/pdf/IDU-0808127e-05ed-4216-875b-bdc965de11c5.pdf
Organización Mundial de la Salud. (2019). Directrices sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño para menores de 5 años. OMS. https://www.who.int/publications/i/item/9789241550536
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (2025). Education policy outlook. OCDE.
Radesky, J. S., Silverstein, M., Zuckerman, B., & Christakis, D. A. (2014). Infant self-regulation and early childhood media exposure. Pediatrics, 133(5), e1172-e1178. https://doi.org/10.1542/peds.2013-2367
Ribner, A. D., McHarg, G. G., & Miller, A. L. (2022). Digital media use and preschool children's school readiness: A Bayesian exploratory analysis. Developmental Review, 66, 101052.
Robles-Estrada, E., del Carpio-Ovando, P. S., & Gago-Galvagno, L. G. (2024). Uso de pantallas y su influencia en la cognición y los hitos del desarrollo motor de infantes mexicanos. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, 11(2), 21-28. https://www.revistapcna.com/sites/default/files/2338_1-2.pdf
*Claudia Uribe Salazar
Integrante de MUxED (mupored). Fue, hasta 2025, directora de la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe, ubicada en Santiago de Chile. Trabajó –por más de una década– en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde fue responsable de liderar el diálogo técnico, las operaciones de préstamo y los programas de cooperación técnica en educación para diversos países de América Latina. Hoy es Profesora Distinguida de Educación en el Tecnológico de Monterrey.