El impacto del arte en el aula: Más allá del entretenimiento

Teresita Hernández González*

 

El arte en el aula ¿es solo entretenimiento? La mayoría de los alumnos asisten a la escuela más por obligación que por gusto. Existen estudiantes con bajo aprovechamiento escolar por falta de motivación o, simplemente, por desinterés en los temas académicos. Por ello, es necesario proporcionarles materiales variados para que despierten su interés por la vida escolar y se apliquen a sacarle el mayor provecho.


El arte plástico como necesidad educativa

El arte plástico debe abordarse en las escuelas tanto por su contribución a la educación del estudiantado como por los aportes a la vida misma de todas y cada uno de los estudiantes. Al interactuar con el arte, las y los estudiantes logran expresarse de manera diferente, desarrollando, entre otras habilidades, la comunicación, el juego, la imaginación, la creatividad, la interpretación y el aprendizaje.

Actualmente, el arte plástico en la educación básica es visto desde un enfoque constructivista, pues las y los estudiantes viven y disfrutan aprendiendo artes. Por ello, es conveniente que el personal docente promueva actividades creativas que les acerquen al mundo del arte. En este sentido, deben ampliar los horizontes culturales para que el estudiantado se pueda sensibilizar, esté abierto a las diferentes formas de pensar, comprenda el valor de la diversidad, aunado a la imaginación, la investigación, el análisis y la producción artísticas. Asimismo, deben observar en cada quien sus logros y reconocer las dificultades o errores que puedan presentarse durante el proceso de producción artística, a través de la elección de herramientas adecuadas para subsanar los retos.

La paradoja de la enseñanza artística

Aunque el arte debe verse como una actividad constructivista, en la mayoría de las escuelas el arte plástico se aplica como una mera actividad manual asociada a las tareas y eventos de la celebración de efemérides en las escuelas. De alguna manera contribuye a reforzar el conocimiento de la historia de México, pero si no se enfoca en el desarrollo de los aspectos creativos del estudiantado, el interés por el arte va disminuyendo porque su producción es meramente procedimental: las y los estudiantes solo siguen indicaciones de cómo realizar una obra, lo cual limita los espacios de libertad, creatividad e iniciativa.

La enseñanza educativa en las escuelas prioriza la racionalización y deja de lado las áreas perceptivas, tanto visual como intuitivas. Al ejercer una enseñanza que privilegia “la conducción del estudiantado”, se propicia en ellas y ellos el estancamiento de su creatividad, imaginación y espontaneidad; se les limita a ser meros receptores de la información y a seguir las indicaciones del personal docente.

Desarrollo integral a través del arte

Existen otras formas de integrar la enseñanza del arte al aula para que las y los estudiantes aprendan a conocerse a sí mismos, a regular sus emociones, para irse haciendo autónomos, e ir comprendiendo a las y los otros; mediante el trabajo  en equipo, la valoración  del trabajo propio y del de los demás. Si se le dedica poco tiempo al arte plástico se priva al estudiantado de un desarrollo global a nivel cerebral, social, emocional y escolar, porque se limita su expresión y el placer de expresarse con una variedad de herramientas.

Si como docentes trabajamos en desarrollar la seguridad personal de las y los estudiantes desde la infancia, como consecuencia, se aumentará su motivación y creatividad. Esta seguridad les permitirá aumentar  su capacidad de reflexionar, imaginar y observar. Todo ello redundará en un mejor rendimiento y un mayor interés por los estudios. 

Experiencia de campo: El arte como transformación comunitaria

Como docente y artista plástica, he logrado cohesionar el arte con la educación por más de 20 años. He sido testigo de cómo el estudiantado, las familias y la comunidad en general se unen y trabajan en conjunto.

Hace diez años me tocó impartir clases en el grupo de quinto grado de primaria en el estado de Querétaro. La comunidad era conocida por la violencia que existía y que se reflejaba en la escuela. Por ende, la necesidad de implementar el arte en las y los estudiantes me pareció imperiosa. Se les brindó la confianza y el espacio para que se sintieran libres y así iniciaron un proceso para contar sus vidas de forma visual. Al sentir seguridad, platicaron de forma voluntaria acerca del significado de sus obras.

Por ejemplo, una alumna, María, construyó un corazón utilizando un trozo de madera que tenía en casa y aprovechó una marca que tenía la madera para representar una herida. Alrededor del corazón pegó estambre rojo y, arriba de este, un árbol con algunas ramas. María compartió que esa obra estaba dedicada a su abuelita. El estambre que pegó era de un suéter que su abuela le había regalado, cuando ella tenía 8 años, y que tejió con sus propias manos; pero lamentablemente su abuela había fallecido de un infarto, por eso la herida del corazón. Las ramas significaban las enseñanzas que le había dejado.

Cuando platicó esta anécdota, María lloró al recordar a su abuelita y le compartió al grupo su reflexión de que “quien tenga abuelitos debe valorar los momentos juntos”. Al escuchar la historia, el resto de compañeras y compañeros se sensibilizaron, expresaron palabras de aliento y también compartieron experiencias importantes que habían vivido con sus abuelas y abuelos. De esta manera la empatía fue creciendo de forma paulatina entre ellos y ellas.

Posteriormente, se invitó a las madres y padres de familia a pintar sobre su infancia, quienes también compartieron experiencias interesantes. Por ejemplo, el señor Pedro dijo que sus padres fallecieron cuando él tenía 5 años y que fueron sus abuelos quienes lo criaron. Para representar su historia pintó un cielo con dos estrellas grandes y un niño sentado en un arbusto queriendo alcanzarlas. Contó que creció en una zona rural, con la falta del cariño de su papá y su mamá, pero que su abuelo y abuela le brindaron todo lo que estuvo en sus posibilidades. Con voz melancólica y entrecortada expresó que, “ahora que soy padre, me esfuerzo por enseñar, lo mejor que puedo, corregir y estar presente para mis hijos”. Las demás familias  presentes escucharon con respeto sus palabras. Así comenzó a crecer la empatía en el grupo, compartiendo el sentido de las vidas de cada quien .

Paulatinamente, la comunidad fue dando a conocer lo que tuvo un impacto importante para ellos y ellas. La violencia, por ejemplo, disminuyó en ese ciclo escolar. Al finalizar el proyecto, se presentó una exposición en uno de los museos del estado para “compartir la vida en un lienzo”. Se realizó un libro colectivo que se presentó en ferias del libro, para hacer patente que el trabajo colaborativo, la empatía y el respeto se pueden lograr.

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*Teresita Hernández González

Integrante de MUxED (mupored). Es docente y artista plástica, licenciada en Educación Especial (Normal Andrés Balvanera, Querétaro), licenciada en Educación Preescolar (CENEVAL A286),  licenciada en Artes Plásticas (Facultad de Bellas Artes, UAQ) y maestra en investigación educativa por la Normal Superior de México. Se certificó como Speaker International Federation, es coautora del libro de Escuelas democráticas coeditado por Mexicanos Primero y la Universidad de Harvard, y fue galardonada en 2018 como docente ejemplar.




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