¿Puede la educación salvarnos de la trampa de renegar de nuestra edad?
Alina Bassegoda Treviño*
A unos días del 9 de octubre, Día de la Toma de Conciencia sobre el Edadismo, vale la pena reflexionar sobre los estereotipos negativos que tenemos sobre nuestro propio envejecimiento. En este artículo hablamos del sesgo de edad subjetiva, una manifestación del edadismo que impide a las personas concebirse como parte del grupo de nuestra edad que se considera vieja. El artículo habla de las razones, consecuencias y posibles respuestas a este fenómeno psicológico.
Las personas mayores de cuarenta recordamos esa primera vez en que no reconocimos la cara que nos veía desde el espejo: la que empezaba a tener arrugas alrededor de los ojos, la de la piel más delgada, la de las primeras canas. Para las mujeres, el golpe es todavía más duro. La sociedad nos bombardea con mensajes que casi nos hacen sentir culpables por envejecer[1]. Para resultar aceptables a las demás personas, e incluso a nosotras mismas, se vuelve una obligación recurrir a tintes, cosméticos, tratamientos y cirugías.
Desde nuestra más tierna infancia –la investigación muestra que desde alrededor de los 4 años– hemos ido interiorizando prejuicios en contra de la vejez: esos que vinculan las canas y las arrugas con el deterioro físico, mental y social. Nos teñimos el pelo, y hasta entramos a quirófanos, para reencontrar en el espejo a quienes sabemos que somos por dentro: personas capaces, vitales, sanas, lúcidas, sociables y conectadas con las y los demás. Y es que culturalmente equiparamos el concepto de salud, vigor y capacidad a la idea de juventud, en lugar de asociarlo simplemente al bienestar físico y mental alcanzable y deseable a cualquier edad.
Cuando los estereotipos negativos de la vejez están muy presentes en el entorno y han sido interiorizados, las personas mayores tienden a alejarse psicológicamente de sus pares para proteger su autoestima. Ese “sesgo de la edad subjetiva” es una muestra de edadismo: “Ellos” están viejos, pero “yo” me siento joven[2]. Y es que el edadismo contra la vejez es la única forma de discriminación que eventualmente se vuelve contra quien lo tiene.
La disociación del grupo de edad (age group dissociation) es la tendencia psicológica a poner distancia emocional y cognitiva entre uno mismo y las personas de la misma edad cronológica. La Teoría de la Identidad Social[3] advierte que las personas están motivadas a pertenecer a grupos que les dan un sentido de identidad social positiva y alta autoestima; si la vejez está devaluada y se percibe como de bajo estatus, se convierte en una etiqueta que nadie se quiere poner. Por otra parte, la Teoría del Manejo del Terror[4] señala que las personas adultas mayores son un recordatorio de nuestra propia vulnerabilidad y eventual muerte. Para mitigar la ansiedad que genera ese recordatorio, las personas se disocian de ese grupo.
El problema está en que, cuando nos negamos a aceptar nuestra propia vejez, evadimos etapas críticas de nuestro propio desarrollo, e incluso dejamos de hacer tareas fundamentales en preparación a nuestra muerte.
Además, cuando evitamos a pares, debilitamos el apoyo social y la creación de redes comunitarias sólidas de adultos mayores. Lejos de protegernos de la vulnerabilidad de la vejez y de la angustia de nuestra propia muerte, el edadismo nos aísla, nos torna personas más indefensas e inseguras, y debilita el tejido social en general. Negar nuestro propio envejecimiento no solo no detiene nuestro proceso de deterioro, sino que muestra la internalización de los estereotipos negativos que hemos absorbido desde la infancia y eventualmente éstos se vuelven en nuestra contra. La investigación ha mostrado que esa asimilación funciona como “profecía autocumplidora”; afecta nuestra salud cardiovascular y rendimiento cognitivo, al punto de reducir nuestra expectativa de vida en más de siete años[5].
No es alejándonos de nuestro grupo de edad, sino haciéndonos conscientes de los estereotipos negativos que tenemos respecto a nuestra etapa vital y superándolos, que lograremos una vejez productiva, saludable e integrada. Julia K. Wolff y Lisa M Warner[6] idearon una intervención para enfrentar esta visión de la vejez y promover así comportamientos saludables en la población mayor. Ellas mostraron que educar a las personas adultas mayores con perspectivas positivas y realistas respecto a lo que significa envejecer es una manera eficiente y mucho más constructiva de ayudarles a enfrentar la angustia del envejecimiento sin negar su identidad. Un reentrenamiento cognitivo conductual puede ayudar a las personas adultas mayores a detectar y cuestionar sus propios pensamientos negativos respecto al envejecimiento, cambiándolos por interpretaciones neutras o positivas.
Intervenciones educativas dirigidas a generaciones más jóvenes también permitirían fortalecer las relaciones intergeneracionales y prevenir la autopercepción negativa del envejecimiento (negative self perceptions of aging)[7]. Promover la empatía con las personas adultas mayores, con cuidado de concentrar las perspectivas sobre la vejez no en su vulnerabilidad sino en sus fortalezas, reduciría el edadismo y prevendría la disociación de grupo.
La Organización Mundial de la Salud ha establecido tres líneas de intervención. En primer lugar, el fortalecimiento del marco legal para eliminar prácticas discriminatorias basadas en la edad (como la exclusión laboral, la jubilación forzosa, o la discriminación en la atención sanitaria). Este tipo de medidas es fundamental porque nadie quiere pertenecer a un grupo social, política y jurídicamente excluido. En segundo lugar, la OMS propone la inclusión de contenidos gerontológicos rigurosos en todos los niveles educativos, desde la primaria hasta la universidad, para eliminar mitos en torno a la llamada tercera edad, y mostrar la complejidad del ciclo de la vida. En tercer lugar, busca fomentar espacios de interacción intergeneracional con objetivos claros y comunes, donde se valoren los diversos aportes de los grupos etarios[8].
En el marco del 9 de octubre, Dia de la Toma de Conciencia sobre el Edadismo, conviene que desde nuestras propias trincheras y en nuestra propia persona, luchemos contra la discriminación por edad que termina volviéndonos contra quien la ejerce; porque las personas viejas no son “otros”. Si tenemos suerte, todos y todas llegaremos a serlo.
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Diehl, M., & Wahl, H.-W. (2024). Self-perceptions of aging: A conceptual and empirical overview. Current Opinion in Psychology, 55, 101741. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2023.101741
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Wolff, J. K., Warner, L. M., Ziegelmann, J. P., & Wurm, S. (2014). What do targeting positive views on ageing add to a physical activity intervention in older adults? Results from a randomised controlled trial. Psychology & Health, 29(8), 915-932. https://doi.org/10.1080/08870446.2014.896464
*Alina Bassegoda Treviño
Integrante de MuxED desde su fundación. Tiene más de veinte años de experiencia docente y directiva en proyectos educativos, capacitación y tecnología educativa. Es especialista en pedagogía, andragogía y gerontagogía. Actualmente es candidata a doctora en Investigación Psicológica por la Universidad Iberoamericana, con una investigación centrada en el envejecimiento y las estrategias de resolución de conflictos.