PISA 2025 y las señales para el futuro laboral de las mujeres

Jimena Hernández-Fernández*

 

Las brechas laborales entre mujeres y hombres no aparecen de manera repentina al ingresar al empleo. PISA 2025 muestra diferencias de género en aprendizajes a los 15 años que, sin determinar las trayectorias futuras, invitan a mirar cómo se articulan con elecciones educativas, acceso a áreas STEM y oportunidades laborales posteriores.


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Cuando hablamos de desigualdad laboral entre mujeres y hombres solemos pensar en salarios, puestos directivos o tasas de participación en el mercado de trabajo. Sin embargo, si queremos comprender cómo se construyen esas desigualdades, necesitaríamos mirar varios años antes del primer empleo.

Los resultados de PISA 2025 ofrecen una oportunidad para hacerlo. PISA evalúa conocimientos y habilidades de estudiantes de 15 años. No permite predecir qué carrera elegirá una persona, si conseguirá empleo, ni cuánto ganará en el futuro. Tampoco puede PISA ser utilizada para proyectar si una diferencia observada en matemáticas o ciencias puede causar después una brecha salarial. No obstante, lo que sí muestra son desigualdades tempranas que conviene analizar junto con las decisiones educativas y las oportunidades que aparecen más adelante.

En México, PISA 2022 mostraba diferencias por género en las tres áreas evaluadas: en matemáticas las estudiantes obtuvieron en promedio 389 puntos, frente a 401 puntos de los estudiantes, una diferencia de 12 puntos a favor de los hombres. En lectura, el patrón se invertía: las mujeres alcanzaron 419 puntos, frente a 411 puntos de los hombres. En ciencias, las estudiantes obtuvieron 404 puntos y los estudiantes 417 puntos, una diferencia cercana a 14 puntos a favor de los hombres. La desigualdad también se observaba en los niveles mínimos de competencia: 69% de las mujeres no alcanzaba el Nivel 2 en matemáticas, frente a 62% de los hombres[1].

Recientemente, PISA 2025 muestra que en lectura, las estudiantes mantienen una ventaja de 12 puntos; sin embargo, en matemáticas las mujeres alcanzaron 380 puntos y los hombres 396 puntos, una brecha de 16 puntos a favor de los varones. Por su parte, en ciencias las estudiantes obtuvieron 407 puntos mientras que los hombres alcanzaron 420, lo que da cuenta de una diferencia de 13 puntos a favor del sexo masculino[2]. Los resultados de ambos ciclos muestran que las brechas de género varían según el área evaluada, pero que las mujeres muestran una desventaja en áreas que pueden denominarse STEM. La OCDE advierte además que las diferencias observadas a los 15 años podrían relacionarse con trayectorias educativas y profesionales posteriores, aunque no deben interpretarse como predicciones del futuro individual ni como relaciones causales directas entre desempeño escolar, elección de carrera o resultados laborales.

La OCDE también subraya que las disparidades de género a los 15 años podrían tener implicaciones para las trayectorias educativas y profesionales, aunque no deben interpretarse como destinos inevitables. En PISA 2025, México se encuentra, junto con Kenia, entre los sistemas educativos en los que la proporción de mujeres que no alcanza el Nivel 2 de competencia científica supera a la de los hombres por entre seis y diez puntos. Esto contrasta con el promedio de la OCDE, donde la proporción de bajo desempeño en ciencias es solo ligeramente mayor entre los hombres.

¿Qué significa esto para el futuro laboral de las mujeres en México?

La respuesta no es sencilla. No significa que una estudiante con menor desempeño en ciencias tendrá necesariamente peores resultados laborales ya que las trayectorias posteriores dependen de muchos factores: origen socioeconómico, oferta educativa, expectativas familiares, orientación vocacional, experiencias escolares, decisiones personales, redes de apoyo y características del mercado de trabajo. Sin embargo, sí importa observar cuándo aparecen las diferencias. A los 15 años, gran parte de la población joven toma decisiones sobre el tipo de educación media superior que va a cursar y, poco después, sobre los estudios técnicos o universitarios que va a continuar. Por ello, los resultados de PISA pueden entenderse como una señal temprana dentro de una trayectoria educativa más amplia.

Aquí resulta útil mirar lo que ocurre después. En una investigación sobre la magnitud de la brecha salarial entre los trabajadores con formación técnica encontramos una clara segmentación por áreas de estudio[3]. Entre las personas profesionistas analizadas, las mujeres representaban 22% en ingeniería, manufactura y construcción y 33% en tecnologías de la información y la comunicación. En contraste, constituían 71% en educación y 67% en ciencias de la salud (principalmente en enfermería).

No podemos afirmar que estas diferencias sean consecuencia de los resultados en PISA. La relación es mucho más compleja. Lo que sí podemos hacer es colocar ambos hallazgos en una misma trayectoria y preguntarnos qué ocurre entre una etapa y otra: qué experiencias tienen las estudiantes en matemáticas y ciencias, qué tan capaces se perciben, qué mensajes reciben de su familia y de la sociedad sobre las carreras “adecuadas” para ellas y qué oportunidades conocen al momento de elegir.

El problema tampoco concluye cuando las mujeres logran ingresar a áreas STEM. Nuestro estudio mostró que, en los datos analizados, los hombres percibían ingresos promedio superiores a los de las mujeres en todos los niveles educativos. Incluso entre quienes contaban con una carrera técnica, el ingreso promedio era de 13,255 pesos para los hombres y de 9,728 pesos para las mujeres[4].

También encontramos que las áreas de tecnologías de la información e ingeniería, manufactura y construcción se encontraban entre las mejor remuneradas para las mujeres y, al mismo tiempo, entre aquellas con menor participación femenina. Sin embargo, incluso dentro de estas áreas, los ingresos promedio de los hombres seguían siendo superiores[5].

Las experiencias de formación también importan. Algunas estudiantes de educación dual en áreas industriales que entrevistamos relataron que no siempre se les permitía utilizar determinada maquinaria porque era considerada “pesada” o “peligrosa”. Algunas valoraban esa protección, mientras que otras expresaban preocupación porque podrían estar aprendiendo menos que sus compañeros y llegar al mercado laboral con experiencias distintas[6]. Este hallazgo permite ampliar la discusión. La equidad no consiste únicamente en lograr que más mujeres entren a carreras STEM. También implica preguntarnos si tienen las mismas oportunidades para aprender, practicar, adquirir experiencia, ser contratadas y desarrollarse profesionalmente.

Por ello, los resultados de PISA 2025 pueden leerse como una invitación a mirar la trayectoria educativa completa. Antes de la elección de carrera es necesario fortalecer los aprendizajes de niñas y jóvenes en matemáticas y ciencias y ampliar sus experiencias en estos campos. Durante la niñez y la adolescencia, la orientación vocacional puede contribuir a que las áreas STEM sean vistas como opciones reales y accesibles para las mujeres. Las instituciones educativas, por ello deben garantizar oportunidades equitativas de aprender con una intención deliberada para no reproducir sesgos de género que lamentablemente aún se asocian a las áreas STEM.

La brecha salarial se vuelve visible cuando llega el primer sueldo. Para entonces, sin embargo, una joven ya ha recorrido muchos años de escolaridad, ha construido expectativas sobre sí misma, ha elegido entre determinadas opciones educativas y quizá ha tenido sus primeras experiencias de formación en el trabajo. Ninguna de esas etapas determina inevitablemente la siguiente y es precisamente por eso que importa intervenir antes.

A manera de conclusión quiero resaltar que, si buscamos reducir las desigualdades laborales entre mujeres y hombres, no podemos esperar hasta que las mujeres lleguen al mercado de trabajo. La igualdad laboral comienza a construirse mucho antes, a partir de las oportunidades que tienen las mujeres para aprender, elegir y participar en condiciones de igualdad.

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Referencias

OECD. (2023). PISA 2022 Results (Volume I and II) ‑ Country Notes: Mexico. OECD Publishing. Disponible en: https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2022-results-volume-i-and-ii-country-notes_ed6fbcc5-en/mexico_519eaf88-en.html

OECD. (2026). PISA 2025 Results (Volume I): Mexico. OECD Publishing. Disponible en: https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2025-results-volume-i-country-notes_2d4ff9ea-en/mexico_85702d30-en.html

Hernández Fernández, J., y Zúñiga Herrera, M. (2024). Análisis de la brecha de género en el Sistema de Educación Dual en nivel Media Superior en México. GIZ Disponible en: https://www.giz.de/de/downloads/giz2024-es-an%C3%A1lisis-de-la-brecha-de-g%C3%A9nero-en-el-sistema-de-educaci%C3%B3n-dual.pdf


[1] OECD, 2023.

[2] OECD, 2026.

[3] Hernández- Fernández y Zuñiga, 2024.

[4] Ibid.

[5] Ibidem.

[6] Ibid.


*Jimena Hernández-Fernández

Integrante de MUxED. Académica e investigadora de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Su trabajo se centra en economía de la educación, trayectorias educativas y laborales de las juventudes, equidad educativa, así como en educación dual y participación de las mujeres en áreas STEM.




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