No hay innovación educativa sin profesionalización docente

Gabriela Bloise*

 

En un mundo donde la innovación educativa parece centrarse en la tecnología, este artículo propone un giro necesario: poner al centro a quienes implementan esas innovaciones. La profesionalización docente no es un lujo, es la única estrategia inteligente que garantiza resultados reales.


Hace unas semanas, en una reunión para organizar un evento sobre innovación educativa y habilidades del futuro, me invadió una sensación inquietante. En el guión del evento, todo giraba en torno a términos rimbombantes como inteligencia artificial, robótica educativa, big data, realidad virtual y machine learning. Se hablaba de plataformas, dispositivos, salones interactivos y experiencias inmersivas. Pero nadie hablaba de quién se supone que va ser capaz de  implementar todo eso. Ni de para qué hacerlo; ni tampoco de cómo. Ni mucho menos de cómo se están formando y acompañando a las y los docentes y directivos que estarán a cargo de poner en marcha con efectividad estas innovaciones, en contextos reales, con estudiantes de carne y hueso, y enfrentando retos reales de cada contexto.

Muchas veces pareciera que esas conversaciones son secundarias a la “verdadera innovación”, es decir al nuevo gadget, software o dispositivo; pero, una y otra vez, los estudios han demostrado que ninguna innovación logra el efecto esperado si no se trabaja en la inmersión, alineación y profesionalización de las personas que van a implementarla.

La innovación comienza por las personas, no por los dispositivos

Hace algunos meses asumí un nuevo reto como gerente académica en una editorial educativa que ofrece soluciones a miles de colegios en México. Mi equipo de consultores académicos acompaña a cientos de docentes que se esfuerzan por hacer bien su trabajo, incluso en contextos de saturación, sobrecarga administrativa y escasez de formación continua. En muchos casos, son personas con gran vocación y compromiso, pero con muy poco apoyo para profesionalizar su práctica de forma sostenida. Y, sin embargo, cuando se habla de innovación educativa, los reflectores rara vez apuntan hacia ellas y ellos.

Por el contrario, se enfocan en lo que “se puede comprar”, no en lo que “se debe construir” ni en “quiénes van a implementar lo comprado”. A pesar de que todos los estudios nos indican la importancia de poner el foco en las personas responsables de poner en marcha la implementación de las tecnologías.

Las cifras lo confirman: sin profesionalización no hay transformación

Estudios recientes del Center for Global Development y la UNESCO advierten que las inversiones en infraestructura y tecnología educativa no mejoran por sí solas los aprendizajes si no se acompañan de procesos robustos de desarrollo profesional docente[1].

Asimismo, un metaanálisis global realizado por el Banco Mundial mostró que los programas de capacitación docente bien diseñados tienen un impacto positivo más fuerte y sostenido en los aprendizajes que la sola introducción de computadoras u otros dispositivos en el aula[2].

Esto no debería sorprendernos: la calidad de una escuela nunca será superior a la calidad de su equipo docente. Entonces, ¿por qué seguimos dejando la profesionalización del magisterio como una nota al pie cuando hablamos de innovación en educación?

Profesionalizar para innovar: una estrategia inteligente

No se trata sólo de “capacitar por capacitar”. Se trata de construir un sistema educativo donde las y los docentes no estén solos, donde haya rutas claras de desarrollo profesional, liderazgo pedagógico, mentoría entre pares y espacios reales de reflexión sobre la práctica. Invertir en ello no es un lujo ni una utopía educativa: es una estrategia inteligente a nivel país, entidad federativa, empresa o colegio. Porque cuando profesionalizamos a quienes están en el aula, estamos invirtiendo en asegurar que la innovación tenga los resultados esperados y, a su vez, en la productividad futura de las y los estudiantes egresados de esa institución o de ese sistema educativo.

No somos gadgets: somos profesionales del aprendizaje

En las aulas de nuestro país, la mayoría de las personas frente a grupo somos mujeres. En contraste, en el ecosistema de startups tecnológicas que diseñan muchas de estas “innovaciones”, la mayoría de los puestos de liderazgo siguen siendo ocupados por hombres. Esta realidad revela una de las muchas desconexiones entre estos dos mundos: la innovación se piensa desde un lugar, pero se implementa desde otro muy distinto. Por eso urge tender puentes, escuchar a quienes están en el aula, profesionalizar su trabajo y reconocer que su hacer es una forma de innovación cotidiana. Ya decía Paulo Freire que La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo.”

¿Qué pueden hacer colegios, empresas o sistemas educativos que realmente quieran innovar?

Aquí dejo algunas propuestas concretas para quienes quieren asegurarse de que sus innovaciones tengan el impacto esperado, gracias a la profesionalización del equipo docente involucrado:

  • Incluir presupuesto para desarrollo profesional docente como parte del presupuesto total de innovación (mínimo un 20%).

  • Diseñar rutas de formación alineadas con los objetivos del colegio, no cursos genéricos ni sesiones aisladas.

  • Implementar procesos de mentoría y coaching entre pares, donde docentes con experiencia acompañen a quienes están iniciando o enfrentan retos específicos.

  • Evaluar el impacto de cualquier nueva herramienta tecnológica desde la perspectiva del personal docente y con el estudiante al centro, no solo desde la novedad en sí misma.

  • Reconocer públicamente las prácticas innovadoras que ya existen dentro de los equipos docentes y su impacto.

  • Fortalecer el liderazgo pedagógico de directivos, brindándoles también espacios de formación y acompañamiento.

En resumen…

La verdadera innovación educativa no está en lo que compramos, sino en lo que sembramos. Y si vamos a sembrar algo, que sea en las personas que enseñan, acompañan y lideran nuestras escuelas. Invertir en ellas —en su desarrollo, su liderazgo y su profesionalización— es la única innovación educativa que garantiza resultados a largo plazo.

Todo lo demás… son meros fuegos artificiales.

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Referencias

Center for Global Development. (2020). Realizing the Promise: How Can Education Technology Improve Learning for All? https://www.cgdev.org/publication/realizing-promise-how-can-education-technology-improve-learning-all

Evans, D. K., & Popova, A. (2016). What really works to improve learning in developing countries? Review of Educational Research, 87(5), 841–876. https://doi.org/10.3102/0034654315627499

UNESCO. (2023). Tecnología en la educación: una herramienta sobre cómo priorizar el uso de la tecnología en el diseño pedagógico. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000385240


[1] Center for Global Development, 2020 y UNESCO, 2023.

[2] Evans, D. K., & Popova, A., 2016


*Gabriela Bloise

Integrante de MUxED. Pedagoga con más de 10 años de experiencia en transformación educativa y desarrollo de programas formativos. Actualmente lidera el área académica en una editorial educativa de alcance nacional y es co-fundadora de un emprendimiento enfocado en la formación de facilitadores de aprendizaje.



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