¿Qué es ser joven? En memoria de Rossana Reguillo
Jocelyn Mendoza González*
Rossana Reguillo nos enseñó que la juventud no es una "etapa de transición", sino un estado vivo, dinámico y profundamente político. Para ella, ser joven es una construcción social, no una categoría biológica. Criticó las miradas adultocéntricas que ven a las personas jóvenes como "el futuro" o como un problema, y las reconoció como agentes del presente. Su legado nos invita a diseñar políticas educativas y sociales desde lo cotidiano, a partir de la escucha y la resistencia. Despedimos a una pensadora brillante, pero sus ideas sobre las juventudes siguen transformando el mundo.
El pasado 25 de abril de 2026, a los 70 años, falleció Rossana Reguillo Cruz, una de las mentes más brillantes de las ciencias sociales en México, reconocida internacionalmente por sus estudios sobre las culturas juveniles, el miedo, las violencias y la comunicación sociodigital a través de proyectos como Signa Lab. Su partida nos deja un hueco enorme, pero su legado sigue más vivo que nunca. Esta es la historia de una mexicana universal, tan sabia como risueña, que consagró su vida a pensar, defender y nombrar todo lo que duele.
Reguillo nació en Guadalajara en 1955, hija de una madre chiapaneca y un padre republicano español que se exilió en México tras combatir en la Guerra Civil Española. Su madre influyó en su interés por las narrativas y su padre marcó profundamente su compromiso político y social. Como ella misma lo expresó: “Soy hija de padre español, republicano, y de madre chiapaneca, de donde es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Mis genes son un poco complicados…”[1].
A los 13 años inició su participación en colectivos ante el autoritarismo político que prevalecía en México tras el Movimiento del 68. Marcada por las conversaciones con su padre –“un tipo muy inteligente, muy combativo y profundamente involucrado con el dolor humano”[2]– y, ante el exceso de controles, se involucró en las primeras manifestaciones políticas. A los 26 años decidió estudiar comunicación, después hizo la Maestría en Comunicación y Cultura; y al terminar, cursó el doctorado en Ciencias Sociales. Aunque “fue una carrera tardía, […] no se paró en ningún momento”[3]. Al contrario, Reguillo se dedicó a entender la comunicación y la cultura a través de diversas lecturas que privilegiaban la perspectiva latinoamericana, lo que marcó significativamente su manera de investigar y su pensamiento crítico. Sus primeras investigaciones sobre jóvenes las realizó durante la maestría, a partir de un texto de José Martín Barbero titulado “De los medios a las mediaciones”, el cual cambió radicalmente su perspectiva social.
A manera de homenaje, he decidido abordar la noción de “juventud[es]” que construí como parte de mi investigación doctoral, la cual retoma a Reguillo[4] como referente teórico. Para ella, “la juventud es un ‘estado’, no una etapa de transición, ni un proceso de metamorfosis”[5]. Esta condición no solo requiere la identificación de la persona a nivel individual, generacional y social, así como el reconocimiento de sí misma observándose e identificando características propias (identidad individual), sino que demanda también del reconocimiento por medio de los otros, con características idealizadas y ubicadas en la misma etapa de vida (identidad generacional)[6].
El concepto de juventud[es] es muy vasto, puesto que no se asocia únicamente a una categoría etaria, sino que involucra procesos de identidad[es] y comportamientos sociales y culturales en “lo cotidiano”, entendido como el contexto de relaciones y prácticas sociales en el cual dicho proceso se realiza[7]. Reguillo comprendió este concepto a la luz de su involucramiento con las y los jóvenes, a través del trabajo de campo, lo que la llevó a entender la juventud en la vida cotidiana: observar, registrar y participar de un conjunto de actitudes, resistencias, códigos, lenguajes, destrezas, formas de percibir y apreciar, clasificar y distinguir las vivencias y experiencias de las personas jóvenes en el día a día.
En ese sentido, juventud se refiere a una manera de ser, una construcción social que responde al dinamismo de la época, la cultura, y el contexto social, político, económico y generacional[8]. Para Reguillo, “los jóvenes no constituyen una categoría homogénea”[9], pues en diferentes épocas y espacios las sociedades han organizado y dividido a la población por sectores de edad, mientras que en otras ni siquiera han tenido que recurrir a esto. Por lo tanto, conceptualizar a la persona joven en términos socioculturales implica “no conformarse con las delimitaciones biológicas, como la de la edad”[10]; más bien resulta pertinente pensar en “lo joven” como “un continuo temporal y ahistórico […] a partir del reconocimiento de su carácter dinámico y discontinuo”[11].
Reguillo señala que el concepto de juventud es “propiamente una invención de la posguerra”, resultado de la bonanza económica y cultural conocida como los “años dorados”[12] –aproximadamente de 1945 a 1973 en el mundo occidental–, cuando aparecieron por primera vez discursos jurídicos que reconocían a las y los jóvenes como sujetos de derecho, un sistema educativo que los retenía por más tiempo, y una poderosa industria cultural que los constituyó como un mercado de consumo específico: vestuario, música, acceso a ciertos objetos emblemáticos que constituyen un “concepto” o un “estilo”. Estos ámbitos fortalecen a las industrias culturales para la construcción y reconfiguración del ser joven, beneficiando a los mercados nacionales e internacionales.
El concepto de juventud es relativamente reciente y está asociado al estudio e interés por conocer y nombrar las características que identifican a este sector; sin embargo, esto no ha sido ni será posible de definir de manera definitiva, dado que, como ya se ha mencionado, es dinámico, ahistórico y temporal. A finales de los ochenta y a lo largo de los noventa, surgió la necesidad de considerar a las y los jóvenes como agentes sociales, capaces de apropiarse y movilizarse en relación con los objetos tanto sociales y simbólicos como materiales[13]. El problema radica en que mientras el Estado, la familia y la escuela consideran a la juventud como una categoría de tránsito, una etapa de preparación necesitada de la formación y guía de los adultos, “valorada por lo que será o dejará de ser”[14] –por ejemplo, el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”–, las y los jóvenes se posicionan en el mundo presente con fuertes deseos de cambio, críticos y resistentes a las imposiciones del sistema político y económico. Esto genera un “choque generacional” que perturba el orden social en voz de los encargados de mantenerlo.
Por décadas se ha conceptualizado a las y los jóvenes como un grupo antagónico al mundo adulto, asociado a la rebeldía, la violencia, la delincuencia, la marginación y el desempleo, sin considerar que no es un asunto que emerge de los propias personas jóvenes, sino de la violencia estructural que el Estado ejerce sobre este grupo. Ellas son las más afectadas por las carentes e inapropiadas políticas públicas para atender las necesidades de la población juvenil. Las y los jóvenes banda, punk, rockeros, hippies, y actualmente therians, incels, entre otros, aluden a construcciones sociales del mundo adulto que señalan a la persona joven como un ente fuera de la sociedad, marginada o no incorporada, o bien, que perturba el orden social.
Sin embargo, estas “calificaciones” sociales –como Reguillo las denomina[15]– están alejadas de los procesos identitarios que las personas jóvenes viven y experimentan como un ‘modo de ser’ en busca del reconocimiento de la sociedad, o bien, como una forma de expresión ante el disgusto por la realidad social que los rodea, a través de una expresión colectiva. Reguillo señalaba que vivimos una época de aceleración de dichos procesos, “lo que provoca una crisis en los sistemas para pensar y nombrar el mundo”[16].
Finalmente, es importante reflexionar sobre el papel de la[s] juventud[es] en el mundo, y, particularmente en México, donde las políticas actuales –como el programa de becas y Jóvenes Construyendo el Futuro– no son suficientes ni son lo ideal para atender las necesidades educativas y sociales de los jóvenes. Inspiradas en el pensamiento de Rossana Reguillo, es necesario diseñar estrategias que les permitan acceder a una educación de calidad y pertinente, que facilite la adquisición de habilidades para el trabajo, horarios flexibles en las escuelas, transporte que les garantice movilidad a bajo o nulo costo, lugares de encuentro deportivos y artísticos, así como fuentes de recursos económicos supervisados en relación con su trayectoria escolar.
Solo así podremos dejar de ver a la juventud como un “divino tesoro” que se pierde, para comenzar a reconocerla como un estado presente, vivo, y profundamente transformador.
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Referencias:
Dávila, O. (2004). Adolescencia y juventud: de las nociones a los abordajes. Última década, 12 (21), 83-104. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362004000200004
Mendoza, J. y Cruz, O.P. (2020). Lxs jóvenes en la escuela secundaria. Un estudio desde los significados. Perspectivas Revista de Ciencias Sociales, (9), 210-233. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9175542
Reguillo, R. (2000). Pensar en los jóvenes. En R. Reguillo. (Ed.) Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto (pp. 19-47). Grupo Editorial Norma https://www.iberopuebla.mx/sites/default/files/2023-07/Reguillo-Pensar%20los%20j%C3%B3venes%20un%20debate....pdf
Reguillo, Rossana (2003). Las culturas juveniles: un campo de estudio; breve agenda para la discusión. Revista Brasileira de Educação, (23), pp. 103-118. https://www.scielo.br/pdf/rbedu/n23/n23a07.pdf
Souza, M.S y Vestfrid, P. (2005). Soy deudora de una tradición gramsciana de entender la comunicación y la cultura [Entrevista a Rossana Reguillo]. https://share.google/6Ps33r2Ef25CN4PO3
*Jocelyn Mendoza González
Integrante de la Red MUxEd. Es doctora en Educación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, UPAEP; Profesora Investigadora en la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 211, Puebla; Miembro del SNII y del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, COMIE. Sus líneas de investigación abordan la trayectoria educativa, el abandono escolar desde los significados de la juventud y la formación docente.