¿Desde dónde habitar lo que sentimos?

Ana Bonilla Rius*

 

Este texto es una invitación a sentir nuestro interior y a reflexionar cómo nos relacionamos con el mundo. En él se analiza la importancia del aprendizaje a través del trabajo emocional en el ámbito docente y la importancia del arte como un recurso fundamental para habitar el mundo.


¿Alguna vez te has preguntado cómo te relacionas con lo que sientes? ¿Lo tomas en cuenta? ¿Le das importancia a lo que te ocurre? O, ¿simplemente, lo dejas de lado y no validas tus emociones? Muchas personas se pasan la vida evitando sus emociones, como si no existieran, hasta que el cuerpo les duele o les avisa que algo no está bien.

Los hábitos que generamos alrededor de nuestras emociones repercuten en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en la manera en que vivimos, y en cómo nos relacionamos con el mundo y con las demás personas.  Sin embargo, la mayoría de las veces damos prioridad a lo que pensamos y dejamos de lado lo que experimentamos. Pero, ¿por qué? Una respuesta quizás obvia, sería  porque hemos aprendido que mostrar nuestras emociones puede ser un signo de debilidad, de falta de control o de inmadurez.

Estamos educadas para valorar más lo que proviene de la razón sin dejar espacio para nombrar lo que sentimos. ¿Debemos pensar y no sentir? ¿Debemos enfocarnos en el aprendizaje como si la razón fuera la esencia misma del conocimiento, como si nos protegiera de mirarnos, de escuchar lo que necesitamos, de enfocarnos solo en lo que existe fuera de nosotros? Al vivir bajo el filtro de lo racional nos acostumbramos a sentir desde el pensamiento, no desde el cuerpo. Esto nos hace creer que somos solo lo que pensamos, y no nos permitirnos conectar con lo que experimentamos.

Sin embargo, cuanto más racionalizamos, más nos separamos de nuestra intuición, de nuestra incertidumbre, de nuestra verdad, porque no todo se esclarece desde la explicación de la razón.

¿Cómo podemos aprender a conocernos si no sabemos enfrentar lo que sentimos?

Desde que empecé a dar clases –hace ya más de 30 años– descubrí que el arte es una herramienta muy poderosa para el reconocimiento de nuestra persona. Acompañar a mis estudiantes ha sido uno de los mayores aprendizajes que he tenido, porque ellas y ellos me enseñaron que crear es un acto único y personal, que no debemos transgredir. El hecho de ser docentes de arte nos debería preparar para esto, nos debería ofrecer las herramientas suficientes para posibilitar que las y los estudiantes puedan explorar sus propios recursos expresivos y creativos, sin condicionar las formas o las búsquedas personales de su hacer.

La escuela debe ser un lugar imprescindible para reconocer y validar las emociones, pero es fundamental que existan espacios explícitos de autocuidado, donde las y los docentes puedan vivir experiencias que les permitan nombrar lo que sienten, reconectarse con su cuerpo, tomarse el tiempo necesario para poder trabajar con los  temores, las  expectativas y los deseos que impulsan su vocación. Porque desde ahí podrán acompañar con mayor lucidez y observación el proceso del estudiantado. 

Desde mi experiencia como arteterapeuta[1] he trabajado con docentes empleando el arte como un recurso expresivo, cuya finalidad es que puedan expresar sus sentimientos, emociones y pensamientos de forma libre y espontánea. Lo hacen a partir de la exploración del cuerpo, del uso tanto de materiales diversos como de recursos expresivos con los que logran descubrir un proceso creativo propio. La intención es que el aprendizaje surja a partir del conocimiento propio.

Vivir este tipo de experiencias, permite a las personas que ejercen la docencia, tener más cercanía, conocimiento y validación de sus propias emociones, les da mayores herramientas para reflexionar sobre sí mismas, y también las posibilita para tener un conocimiento más integrado de la experiencia a la hora de acompañar al estudiantado; debido a que propicia una mayor disposición y compromiso, no solo desde el aprendizaje de contenidos, sino desde la procuración del bienestar físico y emocional del estudiantado.

El arte es un recurso muy poderoso para reconstruir nuestro mundo interno, nos permite descubrir nuestras propias formas de hacer, para crear un lenguaje propio, donde cada experiencia es fruto del encuentro de un espacio subjetivo, que nos ofrece resignificar el mundo que habita en nosotros y nosotras.

 Acompañar a otras personas en su quehacer artístico, es permitirles el encuentro con la exploración, con la libre elección, con la búsqueda subjetiva de sus necesidades. Este encuentro debe darse desde la primera infancia y continuar en todas las etapas de la vida. 

Fomentar la improvisación, la curiosidad, la sorpresa, el encuentro con el asombro, con lo inesperado, con la frustración, con el error, deberían ser parte fundamental del proceso de aprendizaje; porque es desde ese lugar desde donde se logra dar significado y valor a lo vivido.

Expresar no solo es dar salida a lo que sentimos, también es permitirnos construir desde lo propio, desde la particularidad de cada experiencia y de cada proceso. Es a partir de  este reconocimiento que cada persona puede reforzar la comunicación, descubrir sus habilidades sociales, desarrollar confianza, independencia y reconocer la complejidad de sus emociones.

Crear es transformar el recuerdo, darle una presencia distinta, es resignificar lo vivido, dar forma a aquello que nos habita y que no podemos nombrar pero que da sentido a nuestra existencia. El acto de crear no solo nos da la posibilidad de inventar una nueva historia, es también un gran recurso para transitar la incertidumbre. Al crear libremente nos escapamos del destino y tan solo disfrutamos el camino.

Aunque hay en la vida, muchos momentos de incomodidad y de sentirse perdidos, también hay rastros de nuestros trazos que dejan huellas y nos recuerdan que estamos vivos.

Desde mi experiencia, considero que el arte es un recurso muy poderoso para acceder a nuestro mundo interno, que ofrece recursos externos para observar y aprender de forma más profunda lo que necesitamos, ya que nos da la posibilidad de trabajar con distintas dimensiones socioemocionales que se encuentran vinculadas tanto con nuestro mundo interno como con el externo.

Creo que es importante buscar nuevas formas en las que el pensamiento, el sentimiento y la acción se acompañen. No se trata de pensar menos, sino de aprender a conectarnos cotidianamente con lo que sentimos, de integrarlo a nuestro pensamiento como parte de nuestra sabiduría diaria.

Debemos respetar nuestras particularidades, lo que nos hace ser diferentes, porque cada quien siente y piensa desde la particularidad de su experiencia, y son las metáforas propias las que nos ayudan a dar sentido a nuestra existencia. Sin embargo, lo importante del arte no es solo su existencia, sino también su problemática. En este sentido creo que es fundamental generar espacios de intercambio, de reflexión y sobre todo de acción, que  permitan  que el arte forme parte esencial de nuestra existencia, y de nuestra vida cotidiana.

Como dice Nazareth Castellanos: “Ser humano es un arte. Un arte que cada individuo –con todos sus deseos, incertidumbres, dudas, miedos y derrotas que son inherentes a nuestra existencia– debe dominar”[2].

Redes sociales

Facebook: Taller Mexicano de Arteterapia

Web: arteterapia.com.mx 

Correo: arteterapiamexico@gmail.com


[1] La Arteterapia es la práctica que involucra dos términos que la definen: arte y terapia. Es una disciplina que se especializa en dar apoyo a las personas mediante la aplicación de medios artísticos para posibilitar e impulsar otras formas de expresión, más allá del terreno verbal.

[2] Nazareth Castellanos (2025) El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración. Madrid: Editorial Siruela, Colección “El ojo del tiempo”.


*Ana Bonilla Rius

Integrante de MUxED. Es docente de arte desde 1986, arteterapeuta, artista visual, licenciada en Artes Visuales (UNAM) con Máster en Arteterapia (U. Complutense, Madrid) y diplomados en Neurociencias, Arte y Cultura, (UNAM) y en Exclusión social, encierro, psicoanálisis y derecho (UIA). Fue Coordinadora y docente del Diploma de Especialización en Counselling y Regulación (U. Autónoma de Madrid) y actualmente coordina y es docente del Máster de Arteterapia de la U. de Girona, España. Fundó el Taller Mexicano de Arte Terapia AC el cual dirige desde 2003. 




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