Los valores no se enseñan solos

Ariadna Trapote Mariscal*

 

En un mundo cada vez más polarizado, enseñar valores de manera intencional se vuelve imperativo. Sin embargo, los valores no se comprenden de una sola vez: tienen distintos niveles de profundidad. No es lo mismo decir “gracias” que vivir en gratitud, ni respetar a los demás que respetar las diferencias de opinión. Comprender esa profundidad ayuda a que niñas y niños desarrollen criterio y tomen mejores decisiones a lo largo de su vida.


Aprender a leer es uno de los grandes logros de la educación. Sin embargo, comprender el mundo y tomar buenas decisiones requiere algo más que alfabetización. Las niñas y los niños también necesitan aprender a pensar, reflexionar y comprender los valores que orientan sus decisiones.

Los valores cumplen una función esencial en la vida humana: orientan nuestras decisiones. Cuando una persona decide decir la verdad, respetar a otra persona o actuar con gratitud, no sólo sigue una norma. Utiliza principios que le ayudan a evaluar una situación y decidir cómo actuar.

En un contexto social cada vez más complejo, esta tarea adquiere mayor urgencia. Diversas investigaciones sobre actitudes políticas muestran que las sociedades se han vuelto más polarizadas en las últimas décadas. Estudios comparativos sobre democracias occidentales indican que el aumento de la llamada polarización afectiva, la tendencia a percibir a quienes piensan distinto como adversarios o incluso como personas moralmente equivocadas, ha crecido de forma significativa, particularmente en Estados Unidos[1]. Este fenómeno refleja una dificultad creciente para convivir con el desacuerdo y subraya la importancia de educar a las nuevas generaciones en valores que orienten sus decisiones y su convivencia con otras personas.

Al mismo tiempo, investigaciones del proyecto Making Caring Common de la Harvard Graduate School of Education, basadas en una encuesta a más de 10,000 jóvenes, muestran que 80% percibe que las personas adultas priorizan el éxito personal por encima de preocuparse por los demás[2].

Estos datos reflejan una tensión importante. Los valores se mencionan con frecuencia en la educación y en la vida familiar, pero no siempre se enseñan de manera explícita ni profunda. Por esta razón, enseñar valores de manera intencional se vuelve imperativo.

Sin embargo, enseñar valores no consiste solo en decirle a una niña o a un niño qué está bien o qué está mal. La verdadera formación ocurre cuando las personas comprenden el significado profundo de esos valores. Y esa comprensión se desarrolla con distintos niveles de profundidad.

Tomemos como ejemplo la gratitud. Un primer paso consiste en enseñar a las niñas y los niños a decir “gracias”. Este gesto introduce la idea de reconocer a otras personas. Sin embargo, decir gracias no siempre implica comprender el valor de la gratitud.

El siguiente nivel consiste en ser agradecido. Aquí ya no se trata solo de una palabra. Implica reconocer que otras personas contribuyen a nuestro bienestar y que ese apoyo merece ser valorado.

Pero existe además un nivel más profundo: vivir en gratitud. Este nivel implica desarrollar una actitud constante de reconocimiento hacia la vida, hacia las oportunidades que tenemos y hacia las personas que nos rodean. La gratitud deja de ser un gesto ocasional y se convierte en una forma de mirar el mundo.

Algo similar ocurre con el respeto. El primer aprendizaje consiste en respetar a los demás. Esto incluye tratar bien a otras personas, cuidar a los animales y respetar el entorno que compartimos. Este nivel establece una base fundamental para la convivencia.

Un segundo nivel implica respetar las diferencias. Las niñas y los niños necesitan comprender que las personas tenemos  distintas culturas, religiones, apariencias o formas de vivir. Reconocer y respetar esa diversidad es una parte esencial de la vida en sociedad.

Sin embargo, existe un nivel todavía más complejo: respetar las diferencias de opinión. Este nivel exige comprender que las  personas pueden pensar de manera distinta y llegar a conclusiones diferentes. También requiere reconocer que cada persona tiene derecho a expresar sus ideas y a ser tratada con respeto.

Este aprendizaje resulta especialmente importante en una época en la que el desacuerdo con frecuencia se transforma en confrontación. Aprender a respetar opiniones distintas significa aprender a convivir en sociedades plurales.

Otro ejemplo es el valor de la verdad. Muchas niñas y niños aprenden desde pequeños que deben decir la verdad. Este aprendizaje establece una norma clara sobre el comportamiento.

Pero decir la verdad no siempre equivale a ser honesto. La honestidad implica actuar con integridad incluso cuando hacerlo resulta difícil. Significa reconocer errores, asumir responsabilidades y evitar engaños.

Y existe además un nivel todavía más profundo: ser auténtico. La autenticidad implica ser verdadero con uno mismo. Significa actuar de acuerdo con lo que realmente pensamos y creemos, en lugar de adaptarse simplemente a lo que otros esperan.

Estos ejemplos muestran algo fundamental: los valores no se comprenden de una sola vez. Se desarrollan con mayor profundidad a medida que las personas reflexionan sobre ellos y rigen su vida.

Si los valores requieren reflexión, surge una pregunta importante: ¿cómo pueden aprenderlos las niñas y los niños? Una de las herramientas más poderosas es la lectura.

Las historias permiten explorar situaciones complejas de forma accesible. A través de los personajes y de sus decisiones, las niñas y los niños pueden observar cómo los valores influyen en las acciones y en sus consecuencias.

Los cuentos ofrecen algo que pocas herramientas educativas logran: contexto humano y emocional. En lugar de presentar los valores como definiciones abstractas, los muestran dentro de situaciones concretas.

Cuando una niña o un niño observa que un personaje reconoce la ayuda de otras personas, puede comprender mejor la gratitud. Cuando un personaje decide decir la verdad aunque tenga que  enfrentar  consecuencias, surge una oportunidad para comprender la honestidad. Cuando alguien respeta a otra persona que piensa diferente, aparece un momento para reflexionar sobre el respeto.

Las historias crean un espacio seguro para pensar sobre decisiones, errores y aprendizajes. Además, la lectura abre la puerta a la conversación.

Después de una historia, las personas adultas pueden hacer preguntas que ayuden a profundizar en el significado de los valores. ¿Por qué el personaje tomó esa decisión? ¿Qué otra decisión podría haber tomado? ¿Cómo se sintieron las otras personas en la historia?

Estas preguntas no buscan imponer respuestas. Su propósito consiste en desarrollar el criterio.

En un mundo cada vez más complejo, las niñas y los niños necesitarán algo más que conocimientos académicos. También necesitarán herramientas para evaluar situaciones y tomar decisiones responsables.

Los valores cumplen una función esencial en ese proceso. Pero para que los valores cumplan realmente ese papel, la educación debe enseñarlos de manera intencional y con distintos niveles de profundidad. La lectura y los cuentos ofrecen un camino privilegiado para lograrlo. A través de las historias, las niñas y los niños pueden comprender la gratitud más allá de decir gracias, entender el respeto más allá de las normas básicas y reflexionar sobre la verdad más allá de simplemente evitar mentir. De esta manera, los valores dejan de ser palabras que se repiten y se convierten en principios que orientan nuestras decisiones.

Enseñar a leer sigue siendo fundamental. Pero enseñar a comprender los valores que guían nuestras decisiones puede resultar aún más importante. Porque educar no consiste sólo en transmitir conocimientos. También significa ayudar a formar personas capaces de pensar con profundidad, convivir con respeto y tomar buenas decisiones a lo largo de su vida.

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Correo electrónico: ari@valueslab.ai

Web: thegreatpeoplemanual.com y valueslab.ai

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Referencias

Boxell, L., Gentzkow, M., & Shapiro, J. (2020). Cross-country trends in affective polarization. National Bureau of Economic Research.https://www.nber.org/system/files/working_papers/w26669/w26669.pdf

Harvard Graduate School of Education. (2016). The Children We Mean to Raise: The Real Messages Adults Are Sending About Values.https://mcc.gse.harvard.edu/reports/children-mean-raise


[1] Boxell, L., Gentzkow, M., & Shapiro, J., 2020.

[2] Harvard Graduate School of Education, 2016.


*Ariadna Trapote Mariscal

Integrante de MUxED. Es emprendedora social y co-fundadora de ValuesLab, iniciativa educativa que integra lectura, valores y pensamiento crítico. Dentro de este ecosistema co-creó The Great People Manual, un programa que utiliza historias para ayudar a niñas y niños a comprender y aplicar valores en su vida diaria. Previamente fundó Little Bookmates y 311Literacy.




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